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Familias de fe I Amén Comunicaciones

Noé: un ejemplo para nuestros tiempos.

Nos cuentan las Sagradas Escrituras que, en tiempos de Noé, Dios sentía un gran sinsabor con el actuar de la humanidad. Era una sensación que le producía amargura en el corazón, un fuerte dolor a causa de los malos pensamientos y actitudes que su creación había elegido como conducta. (Génesis 6, 5 -7).

La Biblia relata en el libro del Génesis que Dios había tomado la decisión de evitar que se expandiera la maldad del hombre, por lo que planeó un diluvio en la tierra en el que pereciera la humanidad y los animales. Sin embargo, en medio de esta situación, y pese a su gran sufrimiento frente a los acontecimientos, Dios puso su mirada tierna y llena de misericordia sobre la vida de Noé. Se dice que: “Noé era un hombre muy bueno que siempre obedecía a Dios. Entre los hombres de su tiempo, sólo él vivía de acuerdo con la voluntad de Dios” Génesis 6, 9.

Bienaventurado Noé en quien Dios puso su mirada, ¿Qué pensaría en ese entonces un hombre, en medio de tanta maldad, haciendo el bien? Qué gran virtud no errar su camino y hacer el bien pese a las múltiples tentaciones que pudo haber tenido. Supongo que tuvo que haber acudido a una poderosa arma como instrumento de combate; me atrevo a asegurar que esa arma fue creerle a Dios y refugiarse en la oración, una oración perseverante e intercesora por su familia para que todos estuvieran cobijados por la protección de Dios. “Cree en el Señor Jesús, y serás salvo tú y tu familia” Hechos 16, 31.

Reflexionar sobre la historia de Noé nos agota las dudas sobre lo que puede hacer una persona de nuestra familia que ora con fe por todos los miembros del hogar. Dios, que había decidido terminar con toda su creación por medio del diluvio, fue justo y permitió que Noé fuera salvo junto a su familia. De hecho para salvarse, Dios le dio instrucciones exactas a Noé: “construye una barca de madera resinosa, haz cuartos en ella, y tapa con brea todas las rendijas de la barca por dentro y por fuera, para que no le entre agua. Haz la barca de estas medidas: ciento treinta y cinco metros de largo, veintidós metros y medio de ancho, y trece metros y medio de alto. Hazla de tres pisos…” Génesis 6, 14-18

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Es increíble tanta bondad de Dios, es admirable su justicia, es una verdadera maravilla la forma como le habló a Noé; fue tanta gracia la que encontró en él que no tuvo reparo en darle detalles exactos de las medidas que tenía que tener la construcción de la barca, los días que iba a durar el diluvio, las personas y especies que debían acompañarlo.

Sin embargo, lo más increíble es que así, como habló Dios a Noé, nos habla a nuestra vida. Sí, nos habla todos los días y con qué calidad de detalles, pero somos nosotros los que no escuchamos su voz, o no ponemos por obra su dirección. Noé, por ejemplo, fue pronto a hacer cada cosa que Dios le indicó, no dudo en presentarse disponible para cumplir con la misión encomendada. Por eso, es importante no solo orar para recibir instrucciones, sino para tener la fortaleza de ponerlas en práctica.

Dios, cumpliendo con su promesa permitió que Noé sobreviviera, lo llevó a tierra firme, quizá donde te quiere llevar hoy a ti para hacer nuevas todas las cosas. (tu economía, tu salud, tus proyectos, tu relación de pareja, tu familia, tu espiritualidad…) Fue en el nuevo campo donde Noé pudo poblar la tierra, pues Dios que todo lo sabe, era consciente que la maldad de la humanidad continuaría, pero también sabía que al volver a poblar la tierra nacerían muchas personas de corazón noble, y dispuestos a hacer su voluntad.

Se trata, por ejemplo, de todos los santos que, con su ejemplo, nos inspiran una vida de cara a Dios, son todos los sacerdotes por medio de los cuales recibimos diariamente el alimento de vida eterna, son todos los laicos comprometidos con la evangelización y la conversión de los hombres, son todas las mamás que dan lo mejor de sí para sus hijos, son todos los papás que luchan por cimentar hogares con valores éticos, son todos aquellos docentes que nos enseñan el valor de aprender nuevos conocimientos para después ponerlos al servicio de los demás, son todos aquellos profesionales que se esmeran por hacer su trabajo con amor sin el mínimo grado de corrupción, eres tú que estás leyendo este texto a quien Dios creó con un propósito de vida y en quien espera el cumplimiento de tu misión.