Santos Justino Orona Y Atilano Cruz
Mártires
Recibieron la corona del martirio en medio de la persecución religiosa en la Guerra Cristera.
Justino Orona Madrigal nació en Atoyac, Jalisco, (México), el 14 de abril de 1877 eran pobres. Fue educado en un ambiente religioso. Experimento pronto la Vocación al Sacerdocio. Se decidió a hacer los primeros estudios e ingresó al seminario Conciliar de Guadalajara. Tenía 17 años. Sufrió muchas carencias en sus estudios por la pobreza de su familia.
Era buen estudiante, muy piadoso, humilde y apreciado por sus compañeros y superiores. Terminó sus estudios y el arzobispo, Don José de Jesús Ortiz, lo ordenó Sacerdote. Fue asignado a diferentes parroquias.
En octubre de 1916, se le confió la Parroquia de Cuquío y la rectoría del Seminario. A pesar del anticlericalismo e indiferencia, de la gente no se intimidó para hacer su Apostolado. Sobrellevó con dignidad las muestras de odio proferidas por ser consagrado.
Sus virtudes y vida ejemplar le permitieron afrontar la adversidad y entregarse sin medida. Era amable y bondadoso, especialmente con los pobres. Cuando la persecución arrecio, se alejó y decía en una carta a una religiosa: “El camino que va, lleva a la patria, hay que seguirlo con alegría, sirviendo a Dios, viviendo por el bien del otro. Quien sigue el camino del dolor con fidelidad sube seguro al Cielo”.
Ante el consejo que huyera, respondía «Yo, entre los míos, vivo o muerto». A partir de agosto de 1926 con limitaciones, ejerció su ministerio en aldeas y ranchos. Durante casi dos años hasta el día de su sacrificio. En 1928 las tropas del gobierno se tomaron a Cuquío. El sábado 30 de junio, el Padre Justino presintió su muerte.
Por la escasez de lluvia dijo a los campesinos: «No se preocupen, yo pronto iré con mi Madre Santísima y les mando la lluvia».
Atilano Cruz Alvarado nació en Ahuentia de Abajo, Jalisco, (Méjico) el 5 de octubre de 1901. Sus padres, José Isabel Cruz y Máxima Alvarado, eran familia de ascendencia indígena. En ella recibió una buena educación cristiana de costumbres fielmente católicas. En la infancia le encargaron que cuidara el ganado para ayudar a la familia. Más tarde lo llevaron sus padres a Teocaltiche para que aprendiera a leer y escribir.
Sintió la llamada del Señor para ser sacerdote y a los 17 años, (1918), ingresó al Seminario Auxiliar de Teocaltiche. A los 2 años, fue trasladado al de Guadalajara. Interrumpió sus estudios, porque el seminario fue desalojado. Pudo luego terminar los estudios. fue ordenado sacerdote el día 24 de julio de 1927, y nombrado vicario en Cuquio.
En muy poco tiempo de su ministerio sacerdotal, un año, trabajó en la pastoral de la Parroquia. En agosto de 1926 el culto público fue suspendido y ser sacerdote era sinónimo de destierro. El gobernador de Jalisco ordenó aprehender a todos los sacerdotes católicos. Desde entonces fueron asesinados algunos sacerdotes por su condición de ministros del culto.
En Cuquío se encontraba bajo el mando José Ayala, hombre de poca solvencia moral. Puso precio a la vida de los sacerdotes que atendían Cuquío, les tendió un cerco.
Los sacerdotes Justino y Atilano, se refugiaron en el rancho “Las Cruces “ En la noche del 30 de junio los delataron y José Ayala con un pelotón llegaron allí. Sitiaron la vivienda donde pernoctaban los clérigos. Los soldados, abrieron la puerta. El párroco San Justino exclamó: «¡Viva Cristo Rey!». Lo tirotearon y dejaron muerto en el dintel. Remataron y asesinaron al presbíteros Atilano Cruz y a José María Orona.
Llevaron los cadáveres, se burlaron y los exhibieron en la plaza de Cuquío. Los feligreses los enterraron en el Panteón de Cuquio. Se veneran en el templo Parroquial de San Felipe, de Cuquío. Fueron canonizados por el Papa Juan Pablo II EL 21 de mayo del 2000.
Enseñanza para la vida:
Siempre defender la fe a través de la historia, en distintas épocas y lugares ha sido motivo de rechazo, odio destierro y persecución hasta del martirio directo: Dar la vida por seguir a Jesús. Se nos invita a la fidelidad en el seguimiento de Jesús, a pesar de las dificultades y de ser motivo de burla, rechazo, exclusión. .
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