Santo Domingo Henares
«Testigo fiel de Jesús, con su vida y su palabra!
Incansable buscador de la verdad y de una fidelidad a toda prueba. Nació el 19 de diciembre de 1766 en la villa de Baena, Córdoba (España). Bautizado el 21 de diciembre con el nombre de Domingo Vicente Nemesio.
Fueron sus padres: Pablo Henares Vázquez y Francisca de Zafra Cubero y Roldán. Debido a la pobreza su familia se trasladó a Granada. Allí inicio los estudios.
Conoció la labor intelectual de los frailes dominicos y las misiones que realizaban en América y Asia. Esto lo motivó a entrar en la Orden de Predicadores. Fue admitido en el convento Santa Cruz de la real Granada, con solo 17 años. Vistió el hábito dominicano como religioso de coro el 30 de agosto de 1783.
Inició los estudios de la Orden, terminado el año de Noviciado, hizo la Profesión Religiosa, continuó con los estudios y la formación misionera. Abandonó el convento y se alistó a la misión de dominicos rumbo al Oriente.
Fray Domingo Henares partió del puerto de Cádiz el 19 de septiembre de 1785. Llegaron a Cavite al sur de Manila en julio 1786. Entró en el convento de Santo Domingo de Manila. Estudió artes y teología en la universidad de Santo Tomás y fue nombrado profesor.
Fray Domingo Henares tenía una mente clara, con una notoria capacidad para el estudio. Ordenado sacerdote, en septiembre de 1789 y cantó la primera Misa. Pero su destino eran las misiones del Vietnam y de inmediato lo enviaron a ese país. Llegó a Macao, lugar donde se probaba la paciencia de los misioneros.
Finalmente, ya en Vietnam aprendió la lengua, se dedicó con entusiasmo a la misión. Se dedicó a la atención a los marginados y pobres, les cosía vestidos y alimentaba. Especial cuidado tuvo con los más débiles: los niños y los ancianos. Se dice de él que: “Era de una total pureza de vida. Celo diligente por salvar almas.
Singular piedad. Verdadera pobreza evangélica. Generosidad con los desgraciados”.
En Vietnam crecía la Iglesia, se difundía la fe, pero había pobreza de sacerdotes. Su Santidad, Pío VII le nombró vicario y obispo titular de Fez. Después de hacer ejercicios espirituales por tres veces aceptó el cargo.
Fue consagrado obispo en Phu-Nhay. Fray Domingo, como misionero no abandonó su trabajo, se internaba en las montañas.
Convivió con las gentes de la montaña en una continua misión apostólica. Y se enfermó. No dejó su tarea pastoral, ni sus estudios, leía tratados de medicina.
A Tien-Chu, su residencia habitual, llegaron noticias de persecución contra los misioneros. Maquinaciones por parte del rey Minh-Manh, (el nerón vietnamita): quería terminar con la religión extranjera. Se propuso localizar a los misioneros europeos, convocarlos, y expulsarlos del país.
Además prohibir la creencia y práctica del cristianismo. Se desató la persecución.
Un edicto ordenó detener a todos los sacerdotes y catequistas.
El 9 de junio de 1838 cayó en manos de los perseguidores.
Lo metieron en una jaula y lo llevaron ante un tribunal. Declarado culpable y condenado fue decapitado el 25 de junio de 1838
Legado:
Fue un testigo fiel de Jesús con su vida y su palabra.
Testigo ejemplar del Amor a Dios y al prójimo.
Entrega total al servicio de Dios y de las almas.
Intimidad con Dios, apoyada en una vida de oración intensa.
De ahí su: Caridad, Bondad, Paciencia, Prudencia, Alegría, Identificación con los pobres.
León XIII lo Beatificó el 27 de mayo de 1900. San Juan Pablo II lo canonizó el 19 de junio de 1988.
Enseñanza para la vida:
Hoy la persecución religiosa es un hecho, de ahí la necesidad de fortalecer y ser firmes la fe.
Se nos presenta un sin número de ideologías, doctrinas, falsos profetas que tergiversan el Evangelio, el mensaje de la Palabra de Dios y nos hacen dudar y tambalear.
Oremos por quienes son mártires, por defender su fe y la fidelidad a Jesús y su mensaje.
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