Santa Margarita María Redi
Virgen carmelita
«Escondida con Cristo en Dios»
Hoy la Liturgia hace memoria de Santa Teresa Margarita del Sagrado Corazón, de Jesús, Santa
que tuvo la gracia de valorar altamente lo que significa vivir escondida en Dios. Nació en Arezzo,
(Italia), julio 15 – 1747. Era descendiente de una familia noble, los Redi. Bautizada con el nombre
Ana María Redi. La segunda de trece hermanos los cuales, salvo el primogénito y los cinco que
fallecieron de niños, se consagraron a Dios. Fueron sus padres, el conde Ignacio Redi y Camilla
Billenti. Tuvo una infancia muy feliz, destacó por su inclinación a la piedad, los deseos de
santidad y compasión por los pobres. Fue alma contemplativa y desde temprana edad se
planteaba profundos interrogantes.
Su madre le dio acertada respuesta a la insistente pregunta que formulaba: “Decidme, ¿quién es ese Dios?”, apoyada en la conocida definición: “Dios es Amor”. Una vez esclarecido quién era ese Ser que le atraía irresistiblemente, se preguntó ¿Qué puedo hacer yo para complacer a Dios?» A conocerlo y encarnarlo, consagró su vida.
A los nueve años fue internada en el colegio de Santa Apolonia de las Benedictinas de Florencia,
donde, de 1756 a 1763, recibió esmerada educación. Siete intensos años de preparación en los
cuales acumuló grandes experiencias. Era modelo para sus compañeras que veían brillar en ella
muchas virtudes y cualidades. Tenía cultura e inteligencia, pero con humildad y silencio, cuidó de
mantener ocultas a miradas ajenas las dotes naturales que Dios le concedió. Regresó a la casa
paterna y tuvo una experiencia de carácter sobrenatural, se sintió llamada a la vida religiosa y se
planteó ser Benedictina. Tras una conversación casual con una amiga que iba a ingresar al
Carmelo, Ana sintió la vocación de ser carmelita y entendió que debía ingresar a ese convento.
Salió del colegio para madurar su decisión y al cumplir 17 años la comunicó a los suyos, fue
sorpresa de todos y disgusto de las monjas del colegio. Atraída por la frase de San Juan: «Dios
es amor» (1ª. Jn 4,16), el 1 de septiembre de 1764 ingresó para un periodo de prueba, donde las
Carmelitas Descalzas de Florencia.
En marzo 11 de 1765 vistió el hábito y tomó el nombre de Teresa Margarita del Sagrado Corazón de Jesús y llevó una vida de admirable fidelidad. Guio su caminar en torno al lema: “Escondida con Cristo en Dios” Su conocimiento del latín le facilitó que comprendiera los textos bíblicos y litúrgicos, disfrutaba recitándolos, queriendo vivir la Regla del Carmelo meditando “día y noche la Palabra de Dios”.
Tenía especial simpatía por textos de San Pablo como: “vuestra vida está con Cristo, escondida en Dios”. Fue una gran contemplativa y mística. Su itinerario espiritual fue el de una severa ascesis y heroica caridad fraterna, rubricada por su gran alegría. “Padecer y callar” fue otra de las consignas que encarnó admirablemente. Se ocupó de disimular sus actos de virtud y las gracias con las que era bendecida. Tenía espíritu de sacrificio y amaba profundamente el carisma carmelita.
El modelo de amor al Sagrado Corazón de Jesús fue santa Margarita María de Alacoque. Era una constante la memoria de Cristo crucificado, “capitán del amor” que levanta “el estandarte de la Cruz”. Desde 1768 que hizo los ejercicios espirituales, se propuso en todas sus acciones no tener otra mirada que el amor y unir su voluntad con la de Dios. Fue perseverante en pequeños servicios a las hermanas y no consentía murmuraciones ni críticas. Exclamaba constantemente: “Dios es amor”. Vivió en continua acción de gracias: En el ejercicio de la caridad era exquisita, siempre se ofrecía a cuidar a hermanas ancianas y enfermas, en las que veía al mismo Jesucristo, y fue ayudante de la enfermería.
Al final de su vida, tuvo gran aridez en la oración. Experimentó repugnancia, insensibilidad, temores,
tentaciones y antipatía a la virtud. Ella redobló su fe, vivió en abandono confiado a Dios y
recitaba salmos, frases bíblicas o la expresión: “¡Padre Bueno”. Pío XI dijo de ella: “Esta corta
vida es toda una emulación para cuánto hay de bello, de más elevado y de más sublime. La de
unos modales y seriedad angelicales, de una sencillez indescriptible, de una envidiable
ignorancia de sí misma y de la propia grandeza».
A los 23 años sufrió peritonitis y murió inclinada la cabeza y abrazada a su querido Crucifijo, el 7 de marzo de 1770, Beatificada por el Papa Pío XI, 9 de junio de 1929 y la Canonizó el 12 de marzo de 1934. Fue el Apóstol del Sagrado Corazón de Jesús y de la Santísima Virgen del Carmena a quien amó entrañablemente.
Enseñanza para la vida:
Dios es Amor, verdad y certeza que nos mueve a centrar nuestra vida en Él y su Amor que es el único que no falla, permanece, es gratuito, siempre fiel, Amor Misericordioso, que nos perdona, acepta como somos y nos acompaña en el trasegar de la vida.
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