Santa Inés
Virgen y mártir
«Mártir de la Virginidad»
Su nombre viene del griego (hane), significa casto, sagrado.
Símbolo de la pureza para las niñas. Nació en el año 291 en Roma, Italia. Provenía de una de las familias nobles más importantes de Roma, recibió una muy buena educación cristiana. Santa Inés. se consagró a Cristo, con voto de Virginidad. No le importaba la vida de la nobleza solo quería vivir enteramente para Jesús sirviendo a los pobres. Sacaba su fuerza y su coraje de la eucaristía que los cristianos celebraban en la noche en las casas, para la fracción del pan.
Por su belleza no le faltaron pretendientes que quisieron casarse con ella, pero Santa Inés por su voto de castidad se había ofrecido, como esposa de su amado Jesús.
El hijo del prefecto de Roma se enamoró de Santa Inés y le prometió grandes regalos a cambio de aceptarlo en matrimonio. Ella respondió: «He sido solicitada por otro que me eligió. Yo amo a Cristo. Seré la esposa de Aquel cuya Madre es Virgen; lo amaré y seguiré siendo casta».
El prefecto de Roma, ante el rechazo hacia su hijo, la obligó a entrar en el círculo de las que rendían culto a la diosa protectora de Roma. Como se negó, fue llevada a un prostíbulo, pero ningún hombre se atrevió a tocarla excepto uno que quedó cegado por un ángel.
Fue entonces condenada a morir en la hoguera, pero las llamas no tocaron su cuerpo. Finalmente muere degollada, en Roma en el año 304.
En el momento del martirio, Inclinó la cabeza, oró e hizo la señal de la cruz, mostró alegría serenidad, gran fortaleza y entregó con generosidad su vida al señor.
Es modelo de la Castidad, de una fe firme en Dios, y en la Eternidad. Fue Proclamada Mártir de la Virginidad.
Patrona de las jóvenes que desean conservar la pureza, de las novias y de las vírgenes consagradas Cada año, el 21 de enero, día de Santa Inés, el Papa bendice los corderos de cuya lana se tejen los «palios», para la consagración de los arzobispos.
Aprendizaje de vida
Santa Inés comprendió que el amor a Dios estaba por encima del amor a las criaturas incluso a si misma; se donó por completo al señor. Desde su tierna edad consagró todo su ser y se mantuvo siempre a su servicio con alma limpia y cuerpo casto, que gran enseñanza para nuestros días donde el templo del espíritu santo es profanado de mil maneras, necesitamos esa valentía de santa Inés para defender y vivir la pureza no solo del cuerpo sino también del corazón, pidamos a Dios que nos conceda esa gracia tan especial que caracterizo a la misma madre de Dios, y que sea la pureza el timón de nuestra vida, con ella veremos florecer en nuestra alma todas las demás virtudes.
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