Santa Áurea de Córdoba
«Jamás me separaré de mi señor Jesucristo, siempre he conservado la fe»
Santa Áurea, nació en Sevilla, (España) en una acomodada y noble familia, la mayoría Mahometanos, pero su madre Artemia, era cristiana de verdadera virtud. Ella la educó en las verdades de los Evangelios. Tuvo además dos hijos: San Adulfo y San Juan, mártires por Jesucristo. Su madre al enviudar, se retiró al Monasterio de Nuestra Señora de Cuteclara. Por el fervor, virtud y talentos, fue encargada de la Dirección y Gobierno de la comunidad.
Llevó consigo a su hija quien daba ejemplo de devoción y piedad. Progresó en la virtud, bajo la enseñanza de su madre, que la inducía a lograr la más alta perfección, sin ocultar la fe a los ojos de los moros. La memoria de Áurea fue siempre célebre por la heroica virtud.
Por su elevado linaje y por tener muchos parientes mahometanos, no había sido delatada a Sevilla. Con el pretexto del parentesco, fueron a visitarla los parientes, para comprobar lo que se decía de ella. Gobernaba, Mahomet, hijo de Abdrrahman, famoso por la atroz persecución iniciada contra los cristianos. Los parientes descubrieron que era cristiana y religiosa. Procuraron convencerla de convertirse a la religión del falso profeta y que estaba renegando de su ilustre sangre, al abandonar la ley de todos sus parientes, fieles observantes de Mahoma. Fueron inútiles todos sus intentos, sus palabras reñían contra la inamovible fe, de Áurea. Por lo tanto, tomaron la decisión de delatarla ante el magistrado, quien ordenó la llevasen al tribunal.
Verla vestida con el hábito religioso, lo irritó de tal modo que la amenazó con fuertes castigos. Invocó el juez, la noble sangre mahometana que circulaba en sus venas y como sufriría su familia. Le prometió que si aceptaba las creencias familiares se salvaría de duros tormentos. Áurea guardó silencio, dejándose llevar por el miedo, o por la idea de disimular su fe. El Juez, la juzgó vencida y la dejó en libertad. Recapacitó Áurea sobre el hecho y avergonzada por su debilidad decidió no regresar al monasterio, sino que se quedó en casa de unos parientes, sumergida en lágrimas, confesó su pecado.
Pidió a sus hermanos intercedieran ante el Señor que le diera fortaleza para demostrar al mundo cuán profunda era su fe en Cristo. Algunos moros, la observaban y se dieron cuenta que no había cambiado de religión. La delataron ante el Juez quien de inmediato ordenó fuera traída a su presencia y la amenazó. Áurea respondió con valor y fortaleza, inspirada por el Espíritu Santo y dijo: “ «Yo jamás me separé de mi Señor Jesucristo, ni por sólo un instante creí en vuestras falsedades. En su presencia, se deslizó un poco mi lengua y fue sola la que erró; pero mi corazón siempre estuvo firme en lo que a mi Dios debía siempre he conservado la fe, y la verdadera religión cristiana que profesé desde mi infancia, en la que me he ejercitado toda mi vida, con el propósito de no dejarla aunque sea a costa de mi sangre. El Señor a quien me consagré desde mis tiernos años, dolido de mi flaqueza, me ha fortificado, por tanto tú, como Juez, elige lo que te parezca, o bien quítame la vida según disponen tus leyes, o déjame libre para que satisfaga las obligaciones de mi religión y de mi estado”. La firmeza de Áurea encendió el colérico corazón de su juez. Ordenó que la encerraran en la más oscura prisión. Al día siguiente Áurea fue decapitada el 19 de julio 856 en Córdoba. Luego su cuerpo fue colgado de los pies en un palo donde, pocos días antes había sido ajusticiado un reo de homicidio. Dispuso que sus restos fueron arrojados, junto con los de varios malhechores, al Río Guadalquivir para que los cristianos no le tributaran los honores que hacían a los mártires.
Enseñanza para la vida:
Ser cristiano hoy exige valentía, confianza en Dios, profunda fe .y la convicción del valor grande que tiene seguir a Cristo a pesar de las dificultades y contrariedades que se te puedan presentar por tu decisión.
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