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San Pedro de Alcántara I Santo del día I Amén Comunicaciones

San Pedro de Alcántara

Sacerdote franciscano

«Mi alma se regocija, porque iré a la casa del Señor»

La Liturgia hoy hace memoria de San Pedro de Alcántara, sacerdote de la Orden de Hermanos Menores, que, con el don de consejo y de vida penitente y austera, reformó la disciplina regular en los conventos de la Orden en España, y fue consejero de santa Teresa de Jesús en su obra reformadora de la Orden Carmelitana.

Protector de los celadores y guardias nocturnos, porque pasaba las noches sin dormir, dedicado a la Oración y Meditación. Pedro Garavito y Vilela, nació en Alcántara, extremadura, (España) en 1499. Su padre, Alonso era abogado y gobernador de la localidad: Su madre María era de muy buena familia y ambos se distinguían por su piedad y cualidades personales.

Pedro empezó los estudios en la escuela del lugar y su padre murió antes de él terminar la Filosofía. El padrastro le envió a la Universidad de Salamanca. Entusiasmado por la vida franciscana, el desprendimiento material y la dedicación a la vida espiritual, de sus miembros, decidió abandonar los estudios y hacerse franciscano.

En 1515, vistió el hábito en el convento de San Pedro de Manjarretes y tomó el nombre de Fray Pedro de Alcántara. Escogió ese convento por su ardiente espíritu de penitencia, ya que en él se reunían los observantes que ansiaban una vida más rigurosa. En el noviciado, desempeñó los oficios de sacristán, hortelano, barrendero, cocinero y portero. En todos se destacó por su eficiencia.

Practicaba fuertes penitencias, con el tiempo, la mortificación le hizo perder absolutamente el sentido del gusto; en cierta ocasión, encontró en su plato vinagre salado y lo tomó como si fuese la sopa ordinaria. Su lecho era una piel sobre el suelo; lo usaba para arrodillarse a Orar una buena parte de la noche y dormía sentado, con la cabeza contra la pared.

Sus vigilias (noches enteras sin dormir) eran el fuerte de su penitencia. El santo redujo el tiempo de su vigilia para no dañar su salud. Años, luego de su profesión, se le envió a fundar un pequeño convento en Badajoz, (con 22 años).

Fue superior por 3 años y en 1524, lo ordenaron Sacerdote. Fue dedicado a la predicación, más tarde, guardián de los conventos de Robredillo y de Plasencia, predicó en toda extremadura, con gran fruto de las almas. Dios le favoreció con la ciencia infusa y el sentido de las cosas espirituales. Su sola presencia llevaba a la conversión de muchos pecadores. Gustaba particularmente de predicar a los pobres. Sintió toda su vida atraído por la soledad. Pidió ser enviado a un monasterio retirado para dedicarse a la Contemplación, fue destinado al convento de Lapa, con el cargo de superior. Allí compuso su libro sobre la Oración, tan estimado por santa Teresa, fray Luis de Granada, san Francisco de Sales y otros.

San Pedro aprovechó para escribir su propia experiencia del amor divino, ya que vivía en continua unión con Dios. Con frecuencia, era arrebatado en éxtasis y vivía otros fenómenos extraordinarios. En 1538, fue elegido ministro provincial de los frailes de la estricta observancia de la provincia de San Gabriel. Con el deseo de que los religiosos fueran más mortificados , dedicaran más tiempo
a la Oración, y Meditación, fundó una nueva rama de franciscanos llamada: “Estricta observancia de San Pedro de Alcántara”.

Fue aprobada por el sumo Pontífice y en poco tiempo hubo en varios sitios conventos con la nueva regla, basada en una mayor penitencia. La provincia de San Gabriel, a la que San Pedro perteneció, no vio con buenos ojos su obra y el santo fue tratado de hipócrita, traidor, turbulento y ambicioso por sus antiguos superiores.

En 1560, en el curso de una visita a su provincia, pasó por Ávila, movido por una orden recibida del cielo. Fue visitado allí por Santa Teresa, quien vivía una situación difícil. Él disipó sus dudas, le aseguró que sus visiones procedían de Dios y habló en favor de la santa con el confesor de ésta.

La autobiografía de santa Teresa cuenta muchos datos sobre la vida y milagros de san Pedro de Alcántara, La Santa escribió: en los últimos 40 años, no había dormido más de una hora y media por día. Siempre iba descalzo y su único vestido era un hábito de tejido muy burdo, y un manto de la misma tela. Solo
comía una vez cada tres días. Desde su juventud, había practicado la pobreza igual que la mortificación Era un hombre muy amable, pero sólo hablaba cuando le preguntaban algo. Él, consagró sus últimos meses de vida y las fuerzas que le quedaban, a ayudar a la santa en la fundación de la primera casa de carmelitas reformadas.

El éxito de Teresa se debió en gran parte a los consejos y al apoyo de san Pedro. Dos meses luego de la inauguración del convento de San José, San Pedro de Alcántara se enfermó y fue llevado al convento de Arenas para que muriera
entre sus hermanos. Al final repitió del salmo 122: “Mi alma se regocija, porque iremos a la casa del Señor” En seguida se arrodilló y murió en esa actitud, el 18 de octubre de 1562 con 63 años.

Santa Teresa escribió: «Después que murió, el Señor ha tenido a bien que me aproveche más que cuando vivía, ya que me ha ayudado y aconsejado en muchos asuntos y Ie he visto frecuentemente en la gloria”.
San Pedro de Alcántara fue Beatificado en 1622, por Gregorio XV y Canonizado en 1669, por Clemente IX.

Enseñanza para la vida:

La mortificación y la práctica de la penitencia, unidas a una profunda oración y, a escuchar la Palabra de Dios, son armas poderosas en el camino de la Santidad.

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