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San Juan Francisco de Regis I Santo del día I Amén Comunicaciones

San Juan Francisco de Regis

Predicador misionero jesuita

«Veo a Jesús y su Santísima Madre que preparan un sitio para mí»

La Iglesia recuerda hoy a San Juan Francisco de Regis. Nació el 31 de enero 1597 en Foncouverte, (Francia).
Fueron sus padres: Jean Regis y Margarite Cugunhan, campesinos acomodados. Le brindaron una cuidadosa educación.

A los 14 años ingresó al colegio Jesuita de Béziers. Su comportamiento fue ejemplar. Desde joven, no le atraía la vida del mundo, aspiraba a ser Sacerdote. A los 19 años, entró al Noviciado de los Jesuitas en Toulouse, el 8 de diciembre 1616, día de la Fiesta de la Inmaculada Concepción. De novicio, sobresalió por el fervor y la entrega total a la acción de la Gracia de Dios.

Buscaba humillaciones voluntarias en su vida. Fue acusado ante el rector porque dormía pocas horas.
Ya que pasaba largos ratos orando en la capilla. El Padre rector respondió: «No le impidas sus devociones. No te opongas a sus comunicaciones con Dios” Agregó: “Este joven es un santo. Un día nuestra Comunidad celebrará una fiesta en su honor».

Ordenado sacerdote a los 33 años. Celebró la primera Misa el día de la Santísima Trinidad 15 de junio 1631
Inició su misión en Montpellier predicando entre los pobres. Eran zonas controladas por los calvinistas, pero su predicación movía corazones.

Predicaba de manera sencilla, sin adornos, iba directamente al alma de las personas. Lo hacía con elocuencia y fervor. Los pecadores se conmovían, al escucharlo. Sus sermones atraían a las multitudes formadas por católicos y herejes.

Gente buena, corrompida, pobres y ricos, sabios e ignorantes. Decían: “Este padre no solo dice lo que sabe, sino lo que ve y vive.» Ser predicador y atraer fieles, le generó envidia y celos de oradores y predicadores.
Fue acusado ante el superior de los Jesuitas por predicar burdamente y era una deshonra.

El superior Provincial fue a escucharlo y quedó profundamente impresionado. Dijo: “Ojalá quiera Dios que todos los misioneros prediquen con la unción de este Sacerdote. Dios está aquí. Si yo viviera en esta región, no me perdería ni un solo sermón de él”. Enviado a Le Puy, por sus catequesis, “soplo del Espíritu de Dios”, arrastraba almas.

Pasó a Misionar a una región dominio de calvinistas, anticatólica. El poder de convicción del Padre Regis logró allí numerosas conversiones. En la región de Vivarais, seguía misionando por las regiones más apartadas.
A muchísimas mujeres sacó de la prostitución y las llevó a vivir dignamente.

Hubo sacerdotes molestos porque con sus predicaciones se sentían cuestionados. Levantaron una calumnia ante el obispo de Viviers. Él no se defendió, brilló su inocencia. En diciembre 1640 salió a una misión y por el frío y la nieve adquirió pleuresía.

En la mañana del 24 de diciembre, fue a la iglesia de La Louvesc, trabajó intensamente. Confesó todo el tiempo, antes y después de la Eucaristía. Por la noche, se cayó. Llevado a la casa cural luchó cinco días contra la enfermedad. Antes de morir exclamó: «Veo a Nuestro Señor y a su Santísima Madre que preparan un sitio en el cielo para mí». Dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu», y murió el 30 de diciembre de 1640.

Lo canonizó el Papa Clemente XII, el 05 de abril 1737. Cuando el joven San Juan María Vianet visitó su sepulcro, se propuso ser sacerdote.

Legado:

Hombre de fe y oración continua. Dejó hacer a Dios, Maravillas en su vida. Humildad, caridad exquisita con los más pobres. Profundo celo apostólico, confesor incansable. Predicador ungido. Tocaba corazones. Absoluta pobreza personal. Austeridad de vida, dormía en el piso, ayuno continuo.

Enseñanza para la vida:

El legado de San Juan Francisco de Regis, es siempre actual. Todos somos llamados a llevar el mensaje de Jesús. Para ser Evangelizadores necesitamos de la Oración, la fe, la humildad, la ascesis y reconocer las limitaciones, pero confiados en la gracia y ayuda de Dios, poder dar a conocer el Evangelio.

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