San Ireneo
Obispo y mártir
«Guardián del testamento de Cristo»
Pacificador de nombre y de hecho (Ireneo significa pacífico y pacificador). Nació, probablemente, alrededor del año 125 en Esmirna (hoy Izmir, Turquía). En su juventud fue alumno de San Policarpo, quien a su vez fue discípulo de San Juan.
Recibió educación muy esmerada. Tenía gran conocimiento de las Sagradas Escrituras. Compartió con algunos de los hombres que conocieron a los Apóstoles y discípulos. En el año 177 fue enviado a Roma para llevar una carta de la comunidad de Lyon al Papa Eleuterio. La misión romana le evitó la persecución de Marco Aurelio, en la que hubo 48 mártires, entre los que se encontraba el mismo obispo de Lyon, Potino.
Al regresar a Lyon, fue elegido obispo de la ciudad. Se dedicó al ministerio episcopal. Fue un auténtico Testigo de la fe, un pastor, prudente y con celo misionero. Fue presentado por los cristianos al Papa, como el “Guardián del Testamento de Cristo”. Por su espíritu reconciliador, medió entre el Papa Víctor III y los cristianos de Asia, para que no los excomulgara al no celebrar la Pascua según el rito de occidente.
Invitó a los obispos a trabajar por la unidad, desde la tradición apostólica. La Iglesia del siglo II estaba amenazada por el gnosticismo, afirmaba que la fe enseñada por la Iglesia era solo un simbolismo para los sencillos, no para los intelectuales. Se llamaban «gnósticos» que comprenden que se oculta detrás de esos símbolos y formarían un cristianismo de élite, intelectualista.
Surgían corrientes con pensamientos a menudo extraños y extravagantes, pero atractivos. Un elemento común de estas corrientes era el dualismo. Se negaba la fe en el único Dios, Padre de todos, creador y salvador del hombre y del mundo. Para explicar el mal en el mundo, decían que junto al Dios bueno había un principio negativo que había producido las cosas materiales, la materia. La propagación del gnosticismo en las Galias, lo llevó a la defensa del cristianismo.
San Ireneo se propuso refutar los errores y herejía de los gnósticos y salvar la fe católica. Defender de los asaltos de los herejes la Doctrina, y exponer las verdades de la fe. En un tratado de cinco libros, expuso la doctrina gnóstica y la refutó desde las enseñanzas. De los apóstoles y los textos de la Sagrada Escritura, escribió «Contra las herejías» y «La exposición de la predicación apostólica».
En definitiva, san Ireneo es el campeón de la lucha contra las herejías. Estudió sus dogmas, tarea difícil porque cada gnósticos introducía distintas versiones. Expresa la verdadera doctrina cristiana sobre la relación entre Dios y el mundo que Creó. Demuestra la falsedad de sus planteamientos desde la obra del Padre, el Hijo y el Espíritu. Critica el carácter secreto de la tradición gnóstica y dice que la Tradición Apostólica es: Pública, no privada, ni secreta. La fe de la Iglesia recibida de los apóstoles y Jesús, única en sus contenidos fundamentales. Espiritual y guiada por el Espíritu Santo. La Iglesia y el Espíritu Santo son inseparables.
San Ireneo es el primer teólogo de la Iglesia, figura entre los Padres de la Iglesia porque sus escritos fueron los cimientos de la Teología. Se desconoce la fecha de la muerte de san Ireneo. Se estima en el año 202.
De acuerdo con una tradición posterior, se afirma que fue martirizado, pero hay evidencia. Los restos mortales fueron sepultados en una cripta, bajo el altar de la iglesia de San Juan, y luego llevó el nombre de san Ireneo. La fiesta en occidente solo se celebra el 28 de junio desde 1922
Enseñanza para la vida:
Vivimos una época donde abundan diversidad de doctrinas, ideologías y pensamientos que llevan a cuestionar la enseñanza de la Iglesia, recibida desde los apóstoles, contenida en el mensaje de Jesús a través de los Evangelios y en el Magisterio de la Iglesia.
Nos vemos abocados a la duda e incertidumbre acerca de la Verdad. El llamado es prepararnos y aferrarnos a la Palabra de Dios, que es camino seguro de salvación.
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