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San Gregorio Barbarigo I Santo del día I Amén Comunicaciones

San Gregorio Barbarigo

Obispo

«Misericordioso con todos, pero muy severo consigo mismo»

La liturgia de la Iglesia hoy, hace memoria de San Gregorio Barbarigo obispo. Sacerdote y obispo ejemplar,
en las diócesis de Bérgamo y Padua, ciudades italianas.
San Gregorio nació en Venecia, (Italia), año 1625. Pertenecía a una familia de antiguo y noble linaje, rica e
influyente. Su madre murió cuando él tenía 2 años y su padre excelente católico, se propuso darle la mejor
formación posible. Lo instruyó en el arte de la guerra y en las ciencias y lo hizo recibir un curso de
diplomacia, pero al joven Gregorio le llamaba la atención era todo lo relacionado con Dios y con la salvación de las almas.

A los 20 años, el gobierno veneciano le escogió como acompañante de su embajador, Luigi Contarini, al
Congreso de Münster, donde se firmó el tratado que puso fin a la llamada guerra de los 30 años.
Durante su estancia en Münster, Barbarigo tuvo amistad con el nuncio apostólico, Fabio Chigi, quien más
tarde sería elegido papa con el nombre de Alejandro VII.

Gregorio quiso ser religioso, pero su director espiritual le aconsejó que más bien fuera sacerdote de una diócesis, porque tenía especiales cualidades para ser párroco. Y a los 30 años fue ordenado sacerdote. El papa Alejandro VII, lo mandó llamar a Roma, donde le hizo un nombramiento en el Palacio Pontificio y le confió varios cargos de especial responsabilidad.

Roma se vio azotada por la terrible peste de tifo negro y el santo padre, conocedor de la gran caridad de
Gregorio, lo nombró presidente de la comisión encargada de atender a los enfermos. Gregorio se dedicó
por muchas horas cada día a visitar enfermos, enterrar muertos, ayudar a las viudas y los huérfanos.
Pasada la peste, el Sumo Pontífice le ofreció nombrarlo obispo de la diócesis de Bérgamo. El Padre
Gregorio le pidió que antes lo dejara celebrar una misa para saber si Dios quería que aceptara ese cargo.
Durante la misa oyó un mensaje celestial que le aconsejó aceptar el nombramiento; él habló con el santo
padre y le comunicó su decisión.

Llegó a Bérgamo como un sencillo caminante, y a quienes deseaban hacerle una gran fiesta para recibirlo les dijo que el dinero a gastar en fiestas, lo emplearan en ayudar a los pobres. Luego él mismo vendió todos sus bienes y los repartió entre los necesitados y se propuso imitar en todo al gran arzobispo san Carlos Borromeo quien vivía dedicado a las almas y a las gentes más abandonadas.
En Bérgamo jamás dejo de ayudar a quien le pedía y los pobres sabían que su generosidad era inmensa.
se sabe que distribuyó en limosnas la cantidad de ochocientas mil coronas.

El celo con que Gregorio realizó sus deberes pastorales, le valió ser considerado como un segundo Carlos
Borromeo. Su conducta fue ejemplar en todos los aspectos. Era benigno y misericordioso con todos, sobre
todo con los que sufrían o estaban en desgracia, solo era severo consigo mismo.
Con el propósito de fomentar la cultura, fundó un colegio y un seminario que obtuvieron gran renombre. A
las dos instituciones las dotó con imprenta propia y una biblioteca bien provista sobre todo con los escritos de
los Padres de la Iglesia y los estudios sobre las Sagradas Escrituras. Propagó libros religiosos entre el
pueblo Él repetía: “para el cuerpo basta poco alimento y ordinario, pero para el alma se necesitan muchas lecturas y que sean bien espirituales».

En sus viajes misioneros se hospedaba en casas de gente muy pobre y comía con ellos, sin despreciar a
nadie. Luego de pasar el día enseñando catecismo y atendiendo gentes muy necesitadas, pasaba largas
horas de la noche en oración, pero si algún enfermo lo necesitaba, o había un moribundo, salía en medio de
la lluvia a atenderlos. Ante el consejo del médico de no desgastarse, respondía: “ese es mi deber y ¡no
puedo obrar de otra manera!”.

El Sumo Pontífice lo nombró obispo de una ciudad necesitada de un obispo santo: Padua. Los habitantes
de Bérgamo decían: «Los de Milán tuvieron un obispo santo, San Carlos Borromeo. Nosotros también
tuvimos un obispo muy santo, san Gregorio. Que gran lástima que se lo lleven de aquí”. En Padua se dio
cuenta que los muchachos no sabían el catecismo y los mayores no iban a misa los domingos. Él mismo
organizó las clases de catecismo, e invitaba a todos a la Misa. Recorrió personalmente las 320 parroquias
de la diócesis. Organizó a los párrocos y formó gran número de catequistas. Fundó para formar clérigos, un
seminario para que los seminaristas fueran excelentes sacerdotes y párrocos. Con su clero sostenía diálogo
permanente. Abrió muchas escuelas, en pocos años transformó la diócesis de Padua.

Su generosidad con los pobres era no sólo generosa sino casi exagerada. La gente decía: «Monseñor es
misericordioso con todos, pero es muy severo consigo mismo». 
El ejercicio de sus virtudes lo llevaron a una a santidad auténtica: Fe en la defensa de la Iglesia. Absoluta
Confianza en Dios. Fortaleza ante las angustias y dificultades. Caridad, (esencia de su santidad) que se
manifestaba en la entrega total, sin medida.
San Gregorio Barbarigo murió el 18 de junio de 1697 y fue beatificado en 1761 por el Papa Clemente XII
y canonizado por San Juan XXIII, el 26 de mayo de 1959.

Enseñanza para la vida:

San Gregorio Barbarigo fue testimonio de una entrega total a las personas, especialmente hacia los más necesitados. Su generosidad lo llevó a un olvido sin medida de sí mismo, a entregar su vida. .
Hoy se nos enseña que la entrega de uno mismo, el vivir para amar y servir a los demás, es un requisito del cristiano que quiere ser verdadero discípulo de Cristo, es dar la vida y ser solidario.

 

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