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San Genaro I Santo del día I Amén Comunicaciones

San Genaro

Obispo y mártir

«El Santo de la Licuefacción»

La Iglesia hoy, hace memoria de san Genaro obispo y mártir, patrono de Nápoles. Durante la persecución de Diocleciano, junto con otros cristianos, sufrió el martirio en la ciudad de Nápoles.
Es famoso por el milagro que generalmente ocurre cada año desde hace siglos, el día de su fiesta, 19 de septiembre. Su sangre, se licúa ante la presencia de todos los testigos que asisten.

Nápoles y Benevento (donde fue obispo) se disputan el nacimiento de San Genaro. Nació el 21 de abril de 271, en el seno de una familia noble y muy cristiana. En el año 305, se desató la persecución de Diocleciano y siendo obispo es detenido, cuando iba a visitar un amigo y a sus compañeros hechos prisioneros, por profesar la fe de los cristianos. Los captores intentaron convencerlo de que renegara de su fe. Al no conseguirlo, lo arrojaron a un horno ardiente y cuando se reabrió el horno, Jenaro solo salió intacto.

Los detenidos: Sosso y Próculo (diáconos), y los laicos Euticio y Acucio que confesaron su fe ante el gobernador, los visitó Genaro para animarlos en la prisión.
Como era de esperarse, sus visitas no pasaron inadvertidas y los carceleros dieron cuenta a sus superiores de que un hombre de Benevento iba con frecuencia a hablar con los cristianos. El gobernador mandó que le aprehendieran y lo llevaran a su presencia. El obispo Jenaro, Festo, y Desiderio, un lector de su iglesia, fueron detenidos dos días más tarde y los condujeron a Nola, donde estaba el gobernador. Los tres soportaron con entereza los interrogatorios y las torturas a que fueron sometidos.

Poco tiempo después, el gobernador se trasladó a Pozzuoli y los tres confesores, cargados con pesadas cadenas, fueron forzados a caminar delante de su carro. En
Pozzuoli fueron arrojados a la misma prisión en que se hallaban sus cuatro amigos. Los siete condenados, fueron conducidos al lugar de las fieras, y para decepción del público, las fieras hambrientas no hicieron otra cosa que rugir, ni siquiera se acercaron a sus presuntas víctimas, sino que mansamente, se echaron a los pies de Genaro.

El pueblo, arrastrado y cegado por las pasiones que se alimentan de la violencia, culpó a la magia la mansedumbre de las fieras ante los cristianos y a gritos pidieron que los mataran. A los siete sentenciados, se les condenó a morir decapitados. La sentencia se ejecutó cerca de Pozzuoli, el 19 de septiembre de 305, y en el mismo sitio los enterraron.

Los cristianos de Nápoles obtuvieron las reliquias de San Genaro que, en el siglo
V, fueron trasladadas desde la pequeña iglesia de San Genaro, vecina a la Solfatara, donde se hallaban sepultadas. Toda la fama del Santo radica en el «milagro permanente» la licuefacción de la supuesta reliquia de la sangre de San Jenaro, que se conserva en la capilla del tesoro de la iglesia Catedral de Nápoles, un suceso maravilloso que se reproduce periódicamente desde hace cuatrocientos años. La primera licuefacción documentada, históricamente fue en el año 1389 para la fiesta de la Asunción. Ese día se exhibieron en público, las ampollas con la sangre
de san Genaro y muchos fueron testigos de cómo el líquido almacenado en la ampolla se licuó “como si hubiera fluido ese mismo día del cuerpo del santo”. Son tres las veces que la sangre no se licuó: en el año 1943 año en el cual fue la ocupación nazi; 1973 cuando hubo una gran epidemia de cólera; 1980 cuando se produjo el terrible terremoto de Irpinia.

El pueblo napolitano espera con ansia la licuefacción de la sangre del santo, y consideran nefasto el año que no ocurre el milagro. El 21 de marzo de 2015, la sangre de San Genaro se licuó, ante los ojos de papa Francisco siendo el primer papa en presenciar el milagro. No se produjo ante la visita de san Juan Pablo II, ni de Benedicto XVI, en octubre de 2007. La reliquia consiste en una masa sólida, oscura y opaca, que llena hasta la mitad una vasija de cristal sostenido por un relicario de metal.  El día señalado un sacerdote expone la famosa reliquia sobre el altar, frente a la urna que tiene la supuesta cabeza de san Jenaro. Al cabo de un lapso que varía entre los dos minutos y una hora -por regla general-, el sacerdote agita el relicario con la vasija lo vuelve cabeza abajo y la masa que era negra y sólida y permanecía seca, adherida al fondo del frasco, se desprende y se mueve, se torna líquida y adquiere un color rojizo, a veces burbujea y siempre aumenta de volumen. El sacerdote anuncia con solemnidad: “Ha ocurrido el milagro”, Se agita un pañuelo desde el altar y se canta el Te Deum. La reliquia es venerada por el clero y la congregación.

La Iglesia no reconoce oficialmente como milagro la licuefacción. Sin embargo, lo considera como científicamente inexplicable y aprueba la Veneración. No solo se ha producido la licuefacción de la sangre en san Jenaro, este fenómeno también se produjo con la sangre de las estigmas de san Francisco el 2 de octubre del 2013, y con la sangre de san Alfonso María de Ligorio y Santa Patricia.

Enseñanza para la vida:

La fe, regalo, Don de Dios para el hombre, es fundamental en nuestra vida, para asumir y mirar con los ojos de Dios, todo cuanto nos acontece, las pruebas, dificultades, las cruces. Hoy pidamos al Señor ese regalo y digámosle: “Señor Creo, pero aumenta mi FE”.

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