San francisco Javier
Sacerdote Jesuita
«De que le vale a un hombre ganar el mundo, si se pierde a sí mismo»
Celebra hoy la Iglesia en la Liturgia a San Francisco Javier, “el San Pablo de la era moderna”, uno de los más grandes misioneros. De un corazón intrépido, dispuesto y valiente para servir a Dios. Predicó y extendió el cristianismo hasta el lejano Oriente y por las muchas conversiones que logró allí, recibió el apelativo de “Gigante de la historia de las Misiones”.
Con su labor misionera, sembró la semilla de la Palabra en gran parte de Asia. El Papa Pio X lo nombró como Patrono oficial de las misiones extranjeras y de todas las obras de la propagación de la fe. Nació, el abril de 1506 en el castillo de Javier, reino de Navarra (España). Hijo de Juan de Jasso y María de Azpilicueta, ambos de la nobleza. Su nombre de pila era Francisco de Jasso y Azpilicueta, ya de religioso se llamó Francisco Javier.
A los 18 años fue a estudiar a la Universidad de París (Francia) y allí su vida dio un vuelco. Compartió habitación con un curioso compañero que iba siempre vestido de pordiosero (le inspiró rechazo al principio) Ignacio de Loyola y con otro joven, Pedro Favre. San Ignacio de Loyola, le solía repetir la frase de Cristo: “¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?”
Poco a poco estas palabras fueron calando en su corazón. Ignacio le habló de las verdades de la religión y él decidió consagrarse a la dirección de Ignacio, quien le invitó para que hiciera un retiro espiritual. Después de este retiro fue un hombre nuevo con un corazón mucho más limpio, pudo comprender lo que su amigo le decía: «Un corazón tan grande y un alma tan noble no pueden contentarse con los efímeros honores terrenos. Tu ambición debe ser la gloria que dura eternamente”.
Francisco se apartó de las ambiciones del mundo y se encaminó a una vida más espiritual. Fue uno de los 7 primeros seguidores de san Ignacio, fundador de los Jesuitas, Su alma abrazada en el Amor de Dios, se consagró a su servicio, (en la compañía de Jesús) y el 15 de agosto de 1534, con los otros compañeros, en la Cripta de la Iglesia de Montmatre, hicieron el voto de absoluta pobreza. Tres años más tarde fue ordenado Sacerdote en Venecia. Más adelante, estando en Roma, San Francisco Javier ayudó a San Ignacio con la redacción de las Constituciones de la Compañía de Jesús.
Misionero:
Mientras comenzaba la misión, se dedicó a predicar. En 1541 por petición del Papa (quien lo nombró su legado y Nuncio Apostólico en Oriente), y atendiendo la solicitud del Rey de Portugal fue enviado como misionero a la India. Era la primera expedición misionera de la Compañía de Jesús. San Francisco Javier y otros dos compañeros llegaron a Goa., donde debido a los
desórdenes morales de los portugueses, muchos se habían alejado de la fe. El santo inició una ardua tarea de catequesis, así se ganó el corazón de los colonos. Atendía a los enfermos, la Misa la celebraba con los leprosos, enseñaba a los esclavos y adaptó las verdades del cristianismo a la música popular y sus canciones se cantaban en las calles, casas, campos y talleres.
En poco tiempo Evangelizó el sur de la India y la actual Sri Lanka. Se caracterizó por ayudar al que nadie quería ayudar, consolar al que nadie quería consolar, escuchar a los que nadie quería escuchar. Se le acercan sobre todo los parias, los pobres, y aunque los brahmanes (la casta superior) le escuchaban con educación, se resistían a la conversión. Sus biógrafos anotan que
bautizó a decenas de miles de personas, y que viajaba continuamente entre las comunidades, predicando el Evangelio sin descanso, solo vivía para la gente.
En 1549 partió de la India al Japón con la ayuda de 2 hermanos de la Orden y 2 japoneses que se convirtieron. En un año logró unas 100 conversiones y las autoridades japonesas le prohibieron continuar con su labor pastoral. Trasladado a otros pueblos, convirtió a muchos, y consiguió prestado un antiguo templo budista donde bautizó a un gran número de personas.
Regresó a la India para visitar las comunidades. Luego se trasladó a Malaca, donde emprendió el viaje a la China. Entró clandestinamente y llegó a la isla desierta de Sancián.
San Francisco Javier se enfermó, (pulmonía), y el 3 de diciembre de 1552 murió repitiendo dos frases: “Jesús Hijo de David ten compasión de mí” “Madre mía muy amada, muestra que eres mi Madre“.
El cuerpo del santo fue llevado a Malaca, y finalmente fue trasladado a Goa, donde los médicos comprobaron su estado incorrupto. Ahí, en la Iglesia del Buen Jesús, reposan sus restos.
Beatificado el 25 de octubre de 1619 por el Papa Pablo V. Canonizado el 03 de diciembre de 1622 por el Papa Gregorio XV junto a otros grandes santos: San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Ávila, San Felipe Neri y San Isidro Labrador
Enseñanza para la vida:
El Celo Apostólico de San Francisco Javier es una invitación para propagar el mensaje de Jesús en un mundo necesitado de Amor, Esperanza, Alegría, y Paz. No ser indiferentes frente a las necesidades de los hermanos, especialmente de los más abandonados.
Para vivir este llamado, necesitamos de la Oración constante, entregada y en Comunión permanente con Dios, que nos escucha, fortalece y nos atiende en todos los momentos de nuestra vida.
Escucha el relato del santo del día
