San Francisco Caracciolo
Predicador del Amor de Dios
Conocido como el “Predicador del Amor de Dios”. Él se firmaba “Francisco el Pecador”. Nació el 13 de octubre de 1563 en Villa Santa María, (Abruzos Italia). Fueron sus padres Francisco Caracciolo y su madre Isabella Baratuchi mujer creyente. Cuatro de sus 5 hijos los consagraron al servicio del Señor y les dieron esmerada educación. El segundo fue bautizado con el nombre de Ascanio, él después cambiará su nombre por Francisco. .
Siendo joven ingresó a la Milicia, y se destacó por su buen desempeño. Era un joven piadoso, muy devoto de la Sagrada Eucaristía y de la Santísima Virgen María.
A los 20 años contrajo la lepra y sufrió el abandono de sus amigos que se alejaron por temor al contagio. Aislado en una habitación y en esa situación reflexionó y meditó sobre su vida y futuro. Lleno de angustia por la soledad y el miedo a la muerte, Oró y prometió a Dios: «Si me curas de esta enfermedad, dedicaré mi vida al sacerdocio y al apostolado».
Sanó de inmediato y viajó a Nápoles a estudiar Teología. Llevó vida de piedad, Oración y práctica de los Sacramentos, fue ordenado Sacerdote en 1587. Al año siguiente se inscribió en la cofradía de los Bianchi, (los Blancos), Congregación de la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro que prestaba asistencia a los enfermos, los presos y los condenados a muerte.
Llegó a Nápoles un genovés, Antonio Adorno, a quien san Luís Beltrán le profetizó que sería fundador. Ordenado sacerdote se inscribió también en la cofradía de los Blancos y entabló amistad con el abad de Santa María la Mayor Fabricio Caracciolo. Él con Ascanio, compartieron sus ideales y los tres se quedaron 40 días en la abadía de los padres camaldulenses para en oración y retiro, redactar los estatutos y constitución de la fundación del futuro instituto.
Ascanio y Antonio fueron a Roma y obtuvieron del Papa Sixto V el reconocimiento de la Orden el 01 de julio 1587 con el nombre de Clérigos Regulares menores. De regreso a Nápoles hicieron su Profesión Religiosa en 1589 y Ascanio tomó el nombre de Francisco, en honor a San Francisco de Asís. A los 3 votos de pobreza, castidad y obediencia agregaron el voto de renunciar a dignidades eclesiásticas. Se les unen otros diez clérigos, y se dedican a la Oración, al ayuno, se distribuyen las horas del día y de la noche para mantener permanente la Adoración al Santísimo Sacramento
Viajan a España con el ánimo de fundar nuevas casas, en principio no lo lograron pero por la intervención del Papa Clemente VII ante el rey Felipe II, hicieron fundaciones en Valladolid y Alcalá. Vuelto a Roma puso en marcha otras fundaciones, allí y en Nápoles.
Vive pobre y humilde fiel a su compromiso. Siempre se mostró delicado con los enfermos y generoso con los pobres. Por su Oración, espíritu de penitencia, ayunos, mortificaciones muchos se convirtieron. Sufrió persecución, murmuraciones, calumnias, intrigas e incomprensiones fruto de la rivalidad. Acogió de buen grado la oposición y cumplió la Voluntad de DIOS con humildad. Dios lo bendijo con éxtasis, hablaba con tanta unción de la Misericordia Divina que la gente lo llamaba “El predicador del Amor de Dios».
Muere adorno, y es elegido superior general de la Orden. Mantuvo la vida comunitaria, compartía con los demás las tareas domésticas y pedía limosna para ayudar a los pobres. Presentó su renuncia al gobierno para dedicarse a la Oración y eligió como morada el hueco de la escalera. Felipe Neri le propuso abrir una fundación en Agnone. Emprendió la marcha y en el camino estaba el Santuario de la Virgen de Loreto donde se detuvo. Oró esa noche, pero al día siguiente, 4 de junio de 1608, se le presentó un cuadro febril y muere a los 44 años en Nápoles. Sus últimas palabras fueron: «Vamos, vamos al cielo» y repitió Jesús y María. El Papa Pío VII lo canonizó el 24 de mayo de 1807.
Enseñanza para la vida:
La práctica de la caridad con lo más pobres y necesitados, es obra de una profunda vida de Oración, humildad, renuncia a sí mismo, penitencia, es el legado del santo de hoy. Al momento de hacer la caridad, apoyémonos en Dios, no buscar recompensa a cambio y que sea una acción silenciosa.
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