San Enrique
emperador
«El más grande apóstol de la paz»
La Liturgia hoy, hace memoria de San Enrique, monarca que usó el poder para honrar a Dios. El nombre significa: “Jefe Poderoso” (en alemán). Perteneció a una familia muy religiosa. Nació en Baviera (Alemania), año 973. Hijo del rey bávaro Enrique y de Gisela. Fue educado por san Wolfgang, obispo de Ratisbona quien le brindó una sólida piedad y formación cristiana, casado con Santa Cunegunda, pero no tuvieron hijos. En 1002, a la muerte de su primo Otón III, los príncipes electores juzgaron que ningún otro estaba mejor preparado para gobernar Alemania y fue elegido Emperador. Conocedor de las obligaciones que le imponía su cargo, se mantuvo por la oración, en una actitud de humildad y de temor de Dios.
Jamás olvidó el fin para el que Dios le había elevado a la más alta dignidad temporal. Trabajó con todas sus fuerzas por promover la paz y la prosperidad de su reino. San Enrique tuvo que emprender numerosas guerras para defender y consolidar el imperio. Por todas partes estallaban revueltas y revoluciones. Organizó un poderoso ejército, para calmar los revoltosos. Resultó ser un gran guerrero, dominó las revueltas nacionales y las de Polonia.
En Roma un anticristo se atrevió a quitarle el puesto al Papa Benedicto VIII. Éste pidió auxilio a Enrique, quien con un fortísimo ejército invadió a Italia, derrotó a los enemigos del Pontífice y le restituyó su alto cargo. En premio, el Papa Benedicto VIII, en 1014 lo coronó en Roma como emperador de Alemania, Italia y Polonia. Él Restauró varias sedes episcopales, construyó un monasterio en Bamberga e hizo donaciones a varias diócesis para promover las obras evangelizadoras y proveer las necesidades de los pobres. Decía que Dios, quería de él dos cosas: su santificación y el bienestar de sus súbditos, por eso gobernó con rectitud y aplicó los valores evangélicos en la toma de decisiones del reino. Cumplió las obligaciones públicas muy bien.
Tenía presente que su primer deber, era mirar por el bien de su alma. Apoyó las ideas de reforma eclesiástica del gran monasterio de Cluny. San Enrique fue uno de los más grandes gobernantes del Sacro Romano y se santificó, precisamente, como soldado y jefe de Estado. Enrique el Piadoso. La gente lo llamaba así porque siempre buscaba extender la religión y lograr que las gentes amaran más a Nuestro Señor. Levantaba templos, construía conventos para religiosos y apoyaba a cuantos se dedicaban a evangelizar. A los templos les regalaba cálices, ornamentos y demás objetos para que el culto resultara muy solemne y dejaba donaciones para que celebraran misas por sus intenciones.
Reunía a los obispos y sacerdotes para estudiar los métodos que consiguieran una mayor santidad para el clero. Delante de los obispos se arrodillaba con toda humildad. Padre de los pobres y amigo del pueblo.
Pocos gobernantes han gozado de una manera tan extraordinaria de cariño de su pueblo. Era muy humano y con gran sentido de Justicia. Decía: “Dios, no me dio autoridad para hacer sufrir a la gente, sino para tratar de hacer el mayor bien posible.» Fue un verdadero padre para sus súbditos. La fama de su bondad corrió pronto por toda Alemania e Italia. En sus labores caritativas le ayudaba su virtuosa esposa, Santa Cunegunda, mujer ejemplarísima en todo.
Fue un buscador de la Paz. Afirmaba que lo que más quería para su nación, después de la fe, era la paz, de ahí el título: “Fue el más grande Apóstol de la Paz”. En 1021, fue de nuevo a Italia en una expedición contra los griegos de Apulia. De regreso, cayó enfermo. El 13 de julio del año 1024, murió en Gottingen (Alemania). Antes de morir confesó que había hecho voto de castidad, con su esposa, y la entregó a sus padres diciendo: “Como me la distéis Virgen, Virgen la pongo otra vez en las manos de Dios y de ustedes”. Fue canonizado por el Papa Eugenio el 04 de marzo 1146. San Pío X le proclamó patrono de los oblatos benedictinos.
Enseñanza para la vida:
Si por condiciones de trabajo, por ser dueño de una empresa, empleador y tienes personas a cargo, mucho conseguirás, si tus actitudes están acompañadas por la bondad, la justicia, la generosidad, la paz y te apoyas en la oración en el desempeño de tus funciones.
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