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San Apolinar I Santo del día I Amén Comunicaciones

San Apolinar

obispo y mártir

«Testigo apasionado por el anuncio de Cristo»

San Apolinar considerado como uno de los grandes mártires de la Iglesia primitiva.
San Juan Crisólogo obispo de Rávena en el siglo V, afirmó que San Apolinar fue el primer obispo de Rávena y único mártir de la ciudad. San Apolinar, al mismo tiempo que propagaba entre los gentiles las profundas enseñanzas de Cristo, iba delante de sus
ovejas como buen pastor. Nació en Antioquía, (actual Turquía), primera parte del siglo primero, en la época de mayor auge del Imperio Romano, luego de la muerte de Jesús.

Según la tradición, San Apolinar fue uno de los principales discípulos del Apóstol San Pedro en Antioquía y marchó con él a Roma, cuando fue allí para fundar la iglesia, era la época del emperador Claudio. Recibió de San Pedro el envío y la misión de ir a Rávena,
lo consagró obispo de la ciudad, cargo que ejerció durante veinte años. Obró grandes milagros, con los cuales convenció a los habitantes de su misión divina. Así recibieron el Bautismo muchos, entre otros un influyente tribuno y Bonifacio Patricio Notable. Las numerosas conversiones, indignaron a los sacerdotes de los ídolos y a muchos paganos fanáticos quienes atormentaron con trato inhumano al apóstol, por esto se ocultó luego de 12 años de fecunda labor apostólica. Pasado un tiempo, inició nueva campaña de apostolado, obrando grandes milagros.

Un delegado de Nerón empleó duros medios para que abandonara el culto a Cristo y ofreciera incienso a Júpiter. Ante su férrea constancia de seguir predicando, lo hizo azotar, lo cargó de cadenas y arrojó a un calabozo, para que se muriera de hambre y luego fue desterrado a Grecia. Salió con tres clérigos más. Llegado a Corinto evangelizó la región de Misia, donde curó de lepra a un hombre. Llegó a Tracia y dados los frutos por su predicación, los adoradores de Serapis, lo azotaron cruelmente y expulsaron.

Regresó a Rávena luego de  tres años de ausencia, e inició una etapa más de Predicación y conversiones acompañadas de numerosos milagros. Fue sorprendido por un grupo de paganos que lo violentaron y obligaron en el templo de Apolo a adorarlo. El santo se puso en oración y el ídolo cayó en pedazos. Fue llevado al juez para que lo condenara a muerte. Quiso ridiculizarlo y en presencia de una multitud y de la nobleza, hizo traer a su hijo ciego de nacimiento. Con toda solemnidad lo intimó que si lo curaba todos creerían en él o sino sería sometido a castigos. Apolinar hizo oración, Invocó el nombre de Dios y devolvió la vista al niño.

Ante el milagro abrazó la fe cristiana, el mismo juez lo llevó a sitio seguro, donde por cuatro años, siguió su apostolado. Una vez más fue descubierto por los fanáticos paganos y denunciado ante Vespasiano, el emperador de entonces. Fue conducido a la cárcel, pero como el centinela era cristiano se evadió. Al cruzar la ciudad, fue capturado nuevamente, azotado, maltratado cruelmente y recogido por los cristianos. Murió siete días después, el 23 de julio del año 81. Desde el siglo VII creció la veneración por San Apolinar, apóstol y fundador de Rávena. La Basílica de San Apolinar es centro de piedad y veneración. En la edad media, fuera de Rávena y norte de Italia se expandió el culto a San Apolinar, a otras ciudades de Alemania y Francia.

San Apolinar es testimonio de vivacidad y pasión por el anuncio de Cristo, es ejemplo de la inhumana vida que padecieron los santos fundadores del cristianismo. Su fiesta se celebraba el 23 de julio, pero el papa San Juan Pablo II, trasladó su memoria
para el día 29 de julio.

Enseñanza para la vida:

El Celo Apostólico y llevar el mensaje de Cristo es compromiso de todos los bautizados. Implica orar con frecuencia, meditar la Palabra, perseverar, ser constantes y ante la oposición y el rechazo, no desanimarse, sino Confiar en Dios, que es quien nos fortalece, para darlo a conocer.

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