Beato Pedro José Cassant
Monje Cisterciense
«Todo por Jesús, todo por María»
Pedro José Cassant nació el 6 de marzo de 1878 en Casseneuil, Sur Lot (Francia). Estudió en el internado de los hermanos de San Juan Bautista de la Salle. Y tuvo dificultades por su falta de memoria, inseguridad personal, desánimo. En su casa y en el internado recibió una sólida formación cristiana. Manifestaba gran atracción hacia todo lo religioso. Y destacaba por su bondad, humildad, abnegación y amabilidad.
Poco a poco creció en él el deseo profundo de ser Sacerdote. El párroco padre Filhol y los salesianos, lo acompañaron en su peregrinar. Descubrieron en él signos de piedad: tendencia al silencio, gusto por la Oración. Fervor por la Eucaristía, amor a María y a la liturgia. Puso todo su empeño en el estudio, pero la poca memoria era un obstáculo para ingresar al Seminario Menor.
El párroco Filhol le sugirió que se dirigiera a la Trapa. El de 16 años aceptó y tuvo un tiempo de prueba en la casa parroquial. Entró en la abadía cisterciense de Santa María del Desierto (diócesis de Toulouse, Francia). El maestro de novicios padre André Mallet, descubrió en él una persona especial. Trazó la señal de la Cruz sobre su frente, le dijo: “Confía, Yo te ayudaré a amar a JESÚS». En 1895 vistió el hábito y el nombre de José María.
El 24 de mayo de 1900, hizo votos perpetuos. Fue una etapa difícil , experimentó dificultad para el silencio interior y turbación de corazón. El padre Mallet le ayudó y enseñó a liberarse por amor a Cristo de sus ataduras. Así, se empapó del Amor a Cristo, del «camino del Corazón de Jesús». Consiente de sus lagunas y debilidad, se fiaba cada vez más de Jesús. Su lema era «Todo por Jesús, todo por María».
Inició la preparación al Sacerdocio. Los cursos de Teología fueron de retos dolorosos. Pero por encima de sus dificultades y problemas de salud, terminó los estudios. Y fue ordenado Sacerdote en 1902. Pronto se comprobó que tenía tuberculosis. Celebró la primea Misa y fue enviado con su familia por 7 semanas. La salud se debilitó aún más. Regresó al Monasterio y pasó a la enfermería. Fue la ocasión para ofrecer por Cristo y la Iglesia sus sufrimientos y dolor. El Padre André lo escuchó, aconsejó y sostuvo hasta el final. El padre José María le dijo: “Cuando ya no pueda celebrar la Santa Misa, el Corazón de Jesús podrá retirarme de este mundo, pues ya no tendré apego por la tierra”. El 17 de junio 1903, tras comulgar y mientras el padre Mallet celebraba la Misa orando por él. El padre José María murió, alcanzó para siempre a Cristo Jesús. El Papa Juan Pablo II lo beatificó el 3 de octubre de 2004.
Legado:
Vivió las cosas simples y pequeñas acciones: Oración, estudio, trabajo, con gran Amor y generosidad. Para él Dios, era la suprema felicidad. El valor de su vida, fue el encuentro conmovedor con Jesús. Humildad de corazón para aceptar sus limitaciones. Silencio y valor frente a la enfermedad. Su mensaje es actual para un mundo lleno de desconfianza, sin esperanza. Pero sediento de amor y de ternura. Su vida da respuesta a los jóvenes que buscan un sentido para vivir. Enseña cómo vivir, cada día para Cristo, con amor y fidelidad.
Enseñanza para la vida:
Las limitaciones físicas o intelectuales no siempre son obstáculo para realizar los proyectos personales y responder al llamado de Jesús. Frente a la misión que tenemos en la vida, respondamos con amor, valentía y confiando en la gracia y ayuda de Dios.
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