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San Juan de la Cruz I Santo del día I Amén Comunicaciones

San Juan de la Cruz

Presbítero y doctor de la Iglesia

«En tus manos señor, encomiendo mi espíritu»

Celebra hoy la Iglesia en la Liturgia la Memoria de San Juan de la Cruz, presbítero de la Orden de los
Carmelitas y proclamado doctor de la Iglesia por el Papa Pío XI. Patrono de la Teología Mística y de
los poetas. Maestro de la vida espiritual y el más famoso poeta místico del Renacimiento español.

Nació el 24 de junio de 1542 en Fontiveros, Ávila (España), en el seno de una familia de judíos conversos
al cristianismo. Hijo de Gonzalo de Yepes y de Catalina Álvarez. Su nombre era Juan de Yepes Álvarez. Su padre descendía de una familia adinerada de Toledo, se casó con una joven de clase Inferior, fue desheredado por sus padres y tuvo que ganarse la vida como tejedor de seda para sostener su familia.

El padre falleció cuando Juan tenía sólo 4 años. La familia quedó en la miseria, y la mamá con los hijos, se trasladó a Medina del Campo. Allí Juan empezó a aprender el oficio de tejedor, pero por falta de aptitudes para los trabajos manuales, trabajó en el hospital como mandadero y enfermero por 7 años. Entró al Colegio de los niños de la Doctrina, siendo acólito de las Agustinas de la Magdalena. Con la formación que recibió, pudo ingresar al colegio de los jesuitas y se formó en Humanidades.

Con 21 años ingresó al Convento de los padres Carmelitas de Medina del Campo, adoptó el nombre de Fray Juan de san Matías y obtuvo el permiso de observar las reglas sin buscar excepciones en nada. Terminado el Noviciado, fue a Salamanca a terminar sus estudios.

La insatisfacción por el modo de vivir la experiencia contemplativa en el Carmelo, lo hacen pensar en irse a la Cartuja, pero en 1567 regresó a Medina del Campo para ser ordenado Sacerdote. Ese día pidió a Dios como especial regalo que lo conservara siempre en gracia y sin pecado, que pudiera sufrir con todo valor y con mucha paciencia toda clase de penas, dolores, y enfermedades.

Conoció a Santa Teresa de Jesús, fundadora de hermanas Carmelitas Descalzas y deseaba fundar también una comunidad de Padres Carmelitas Descalzos. Juan le pidió a Dios que le iluminara un modo de vivir fervoroso que lo llevara a la Santidad. Santa Teresa lo convenció de iniciar con ella la Reforma de los Carmelitas y el 28 de noviembre de 1568 fundó en Duruelo con Fray Juan, el primer convento de Carmelitas Descalzos, siguiendo la regla primitiva. Juan agregó a su nombre “De la Cruz”. La reforma del Carmelo realizada, no fue con intención de cambiar la Orden o modernizarla sino para restaurar y revitalizar su cometido original el cual se había perdido mucho.

Fray Juan de la Cruz, se convirtió en un gran formador para los nuevos aspirantes a la Orden. Fue al Convento de la Encarnación invitado por santa Teresa, como Vicario y confesor de las monjas.  Hubo conflictos entre los Carmelitas descalzos y los Calzados y los que no aceptaban la nueva fundación decidieron alejarlo para que la comunidad fracasara. Una noche lo sacaron de su celda y lo llevaron preso a Toledo, para que ante un tribunal se retractara de la reforma, Cómo se negó, fue encerrado por 9 meses, en una estrecha y oscura celda, maltratado y golpeado, sin permitirle celebrar misa.

Su sufrimiento coincide con las penas descritas por Santa Teresa en la 6ª. Morada: insultos, calumnias, dolores físicos, angustia espiritual, y tentaciones. El santo aprovechó los meses de espantosa soledad e inactividad y compuso una de sus poesías más famosas poesías Dice: a Dios «A dónde te escondiste amado, y me dejaste con gemido. Como el siervo huiste, habiéndome herido. Salí tras de Ti clamando y ya eras ido”.

San Juan con su ejemplo mostro a los religiosos el espíritu de soledad, humildad y mortificación. Dios, purificó su corazón de toda debilidad y apego humano. Le sometió a severas pruebas interiores y exteriores. Fue privado de toda devoción, vivió turbación, duda y fue atacado por el demonio con violentas tentaciones y los hombres con calumnias. Esto lo describió en su obra la “Noche oscura del alma” y fortaleció la paciencia, el amor y caridad Por lo difícil de su liberación, planeó la fuga y lo logró con la ayuda de la santísima Virgen María el día de la Asunción.

Se dirigió a Andalucía para recuperarse, ocupó varios cargos en la Orden. Y tras un nuevo enfrentamiento doctrinal en 1590, es destituido de todos sus cargos y quedó como simple súbdito de la Comunidad. En el viaje de vuelta a Segovia se enfermó en el convento de La Peñuela y es trasladado a Úbeda, donde murió la noche del 13 al 14 de diciembre 1591, exclamando: “En tus Manos Señor, encomiendo mi espíritu”.

Los restos reposan en el convento de los Carmelitas Descalzos en Segovia. Beatificado el 25 de enero de 1675 por Clemente X y Canonizado el 27 de diciembre de 1726 por Benedicto XIII.

Espiritualidad:

Vivió totalmente compenetrado del Amor de Dios, que hacía que brillara su rostro. Afirmaba: “El Amor es el instrumento, el lazo de Unión del alma con Dios. El fin del hombre en la tierra es alcanzar la Perfección de la Caridad.
La Contemplación no es por sí misma un fin, sino que debe conducir al Amor y Unión con Dios.
“No hay trabajo mejor, ni más necesario que el Amor” Hemos sido hechos para el Amor.

Enseñanzas para la vida:

La gran lección e invitación que nos deja san Juan de la Cruz, es vivir en y para el Amor. El amor es producto de la fe, que es el puente que salva el abismo que separa nuestra inteligencia del infinito Dios.
La Confianza total en Dios que nos acompaña siempre y no nos abandona y aún en las pruebas y sufrimientos, ÉL, está ahí con nosotros. .

Escucha el relato del santo del día