San Luis Gonzaga
Religioso Jesuita
«Alegraos, Dios me llama luego de tan breve lucha»
Patrono de la Juventud cristiana.
San Luis Gonzaga, nació el 9 de marzo, de 1568, en el castillo de Castiglioni delle Stivieri, situado en Lombardía. (Italia). Fueron sus padres ambos de familia noble: Ferrante Gonzaga, y Marta Tana de Santena, (dama de la reina Isabel de Valois). Heredó del padre inteligencia y valor. De la madre firmeza de carácter.
Desde niño vivió entre los soldados y aprendió la importancia de ser valiente.
Cuando su padre se embarcó para África, con su madre y hermanos vivió una vida de piedad. A los 7 años, experimentó un despertar espiritual. Poco a poco fue creciendo en la fe y a los 9 años hizo un voto de castidad. Según su director espiritual, San Roberto Belarmino, nunca cometió un pecado mortal.
El Obispo San Carlos Borromeo, lo conoció y se impresionó por su sabiduría e inocencia. Le dio la Primera Comunión. En 1576 debido a la peste, su padre lo llevó con su hermano para Florencia. Luis seguía avanzando por el camino de la Santidad. Llamó a Florencia la escuela de la Piedad. Trasladado a Mantua, conoció la realidad de la corte y su descomposición moral. Para liberarse de las tentaciones se sometió a rigurosa disciplina de ayuno y mortificación.
Posteriormente, don Ferrante se trasladó con toda la familia a Casale. Una enfermedad renal le atacó, no aparecía en público y se dedicó a la Oración. Leyó “Las cartas de Indias “sobre las experiencias misioneras de los jesuitas. Así nació la idea de ingresar en la Compañía de Jesús. Inició práctica de mortificaciones, ayuno, tres días a la semana a pan y agua.
Con su padre se trasladó a Madrid y siguió con sus prácticas y vida de piedad. El día de la Asunción del año 1583, recibió la Sagrada comunión y oyó una voz que le decía: «Luis, ingresa en la Compañía de Jesús.»
Su madre aprobó su proyecto. Su padre montó en cólera, ordenó que lo azotaran. Más tarde accedió, escribió al padre Claudio Aguaviva, general de los jesuitas y le dijo: «Os envío lo que más amo en el mundo, un hijo en el cual toda la familia tenía puestas sus esperanzas.»
Luis con 18 años, partió hacia Roma y el 25 de noviembre de 1585, ingresó al noviciado jesuita. Tomó posesión de su pequeña celda y exclamó: «Este es mi descanso para siempre; aquí habitaré, pues así lo he deseado». Sus austeridades, ayunos, vigilias, arruinaron su salud, estuvo a punto de perder la vida.
Fue un novicio modelo. Por su frágil salud, fue trasladado a Milán para completar los estudios.
En Milán, una mañana mientras oraba, le fue revelado que le quedaba poco tiempo por vivir. El anuncio le llenó de júbilo y apartó aún más su corazón de las cosas de este mundo. En 1591, una epidemia de fiebre, atacó con violencia a la población de Roma- .
Él atendió a los enfermos y se contagió. Recibió el viático y la unción de enfermos. Tuvo mejoría, pero quedó con una fiebre intermitente y en 3 meses se agravó. Vio que era el fin y escribió a su madre: «Alegraos, Dios me llama después de tan breve lucha. No lloréis como muerto, al que vivirá en la vida del mismo Dios.
Pronto nos reuniremos para cantar las eternas misericordias.»
Se le había revelado que moriría en la octava del Corpus Christi. Los días siguientes, recitó el «Te Deum» como acción de gracias. Al padre provincial, que llegó a visitarle, le dijo: -¡Ya nos vamos, padre; ya nos vamos…! -¿A dónde, Luis? -. En la medianoche, del 20 al 21 de junio de 1591, con los ojos fijos en el Crucifijo y el nombre de Jesús en sus labios, expiró. Fue canonizado el 13 de diciembre 1726 por el Papa Benedicto XII y lo proclamó: “ Patrono de la Juventud”, título confirmado por el Papa Pio XI junio el 13 de 1926.
Enseñanza para la vida:
Dios, llama en distintas edades de la vida, para seguirlo. Escuchar su voz y ser fiel a su llamado, a pesar de la oposición, dificultades y de otras posibilidades que el mundo ofrece, hoy, es un reto. A ejemplo de San Luis Gonzaga, escuchemos a Dios y descubramos su voluntad sobre nuestra vida.
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