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San Juan XXIII

Papa

“No me detengo a recoger las piedras que me lanzan, con tal que triunfe la Caridad”

La Liturgia hoy, hace memoria de San Juan XXIII, llamado “El papa del pueblo”, debido a sus cualidades humanas: bondad, sencillez de corazón, alegría, buen humor, cálido y generoso, muy cercano al hombre común. Su vida y actividad pastoral fueron marcadas por una de sus grandes virtudes: la humildad, y así lo refería en sus palabras cuando decía: “Los sentimientos de mi Pequeñez y mi nada, me mantuvieron siempre en buena compañía”. Además era de una atenta caridad cristiana hacia todos y prodigaba tal amor, que cautivó a todo el mundo.

Trabajó con empeño por la unión fraterna de los pueblos, siendo dócil a la acción del Espíritu Santo. También se le conoce como el papa del Concilio Vaticano II. Nació el día 25 de noviembre de 1881 en Sotto il Monte, Bérgamo (Italia). Ese mismo día fue bautizado, con el nombre de Ángelo Giuseppe. Era el cuarto de trece hermanos. Su familia pobre, vivía del trabajo del campo, le inculcó una sólida formación cristiana. El clima religioso de la familia y la fervorosa vida parroquial, fueron la primera y fundamental escuela de vida cristiana, que marcó la fisonomía espiritual de Ángelo Roncalli.

Recibió la Primera Comunión en 1889 y en 1892 la Confirmación. Desde que tuvo conciencia experimentó el llamado de Señor al Sacerdocio y nunca deseó ser
otra cosa. Este deseo se reflejó siendo niño en sus actitudes y opciones, sus amigos lo llamaban “Angelito el cura”. Con 11 años (1892) fue admitido (becado) en el seminario de Bérgamo. Por su madurez y evidente vocación, recibió la tonsura que implicaba además el uso de sotana.

Estudió humanidades, filosofía y hasta el segundo año de teología. Allí, con catorce años, empezó escribir el “Diario de un alma”, donde narra las batallas cotidianas, las victorias y derrotas, las luchas, sus búsquedas espirituales y su único fin el de ser santo cueste lo que cueste. También desde entonces practicaba con asiduidad la dirección espiritual.

De 1901 a 1905 fue alumno del Pontificio seminario romano, gracias a una beca de la diócesis de Bérgamo. En este tiempo hizo, además, un año de servicio militar. Fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1904, en Roma. En 1905 fue nombrado secretario del nuevo obispo de Bérgamo y lo acompaño en múltiples labores apostólicas. Se distinguió como Capellán del hospital de esa ciudad, colaboró también con el diario católico, tuvo un ministerio sacerdotal muy intenso.

En 1921, fue consagrado obispo y desde ahí en adelante, su trabajo Pastoral transcurrió al servicio de la santa sede. Ocupó varios cargos: en la Congregación para la Propagación de la fe, visitador apostólico de Bulgaria, delegado apostólico de Turquía, Grecia, (ahí pasó la mayor parte de la segunda guerra mundial), Salvó la vida de muchos judíos que huyeron de los nazis y compartió el dolor de gran cantidad de hombres y mujeres que sufrieron los desastres de la guerra Mundial. Visitó enfermos, prestó significativa y caritativa ayuda a la población, desde la
sencillez evangélica. Practicó con esmero su espiritualidad de manera humilde y dedicaba todos los días largos ratos a la Oración. Otros cargos fueron: Nuncio de París, y más tarde el Papa Pío XII lo hizo Cardenal y lo envió a Venecia como patriarca. En todas partes su desempeño estuvo acompañado por su prudencia, inteligencia, tacto para el manejo de conflictos y situaciones difíciles, además su presencia de Pastor paternal y bondadosa, ablandaba el corazón de todos.

Ante las adversidades que no faltaban, expresó: “No me detengo a recoger las Piedras que me  lanzan, con tal que triunfe la Caridad.” Tras la muerte de Pío XII, fue elegido Papa en 1958, y tomó el nombre de Juan XXIII. A los 77 años empezó su pontificado. Después de 3 meses de su posesión, convocó el concilio Vaticano II, que imprimió una visión renovada a la Iglesia Católica y busco responder a los signos de los tiempos.

Lograr el “Aggionamiento” o sea la renovación y actualización de la Iglesia y así dar respuesta a los desafíos apostólicos de un mundo cambiante, alejado cada vez más de Dios. Corregir errores y afrontar nuevos problemas humanos, sociales, económicos.

Publicó 7 Encíclicas, que expresaron el nuevo espíritu Eclesial, siendo las más importantes. “MATER ET MAGISTRA (Madre y Maestra) y PACEM IN TERRA (Paz en la Tierra), esta última escrita en plena guerra fría luego de la llamada “crisis de los misiles” de octubre de 1962. Cuando tenía 62 años le descubrieron un cáncer de estómago y murió el 5 de junio de 1963. Beatificado por Juan Pablo II el 05 de julio del año 2.000. Declarado Santo por el Papa Francisco el 27 de abril de 2014.

Enseñanza para la vida:

La Bondad, Sencillez, Humildad, Acogida a las personas, el trato amable y el amor, deben caracterizar a todo evangelizador, porque es la mejor manera de dar testimonio del Espíritu del Evangelio.

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