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San Juan Gabriel Perboyre

Mártir vicentino

“Lo más importante: conocer, amar a Jesús y ocuparse de la salvación”

Hoy la liturgia, hace memoria de San Gabriel Perboyre, sacerdote francés de la Congregación de la Misión, dedicado a la predicación del Evangelio. Nació en Montgesty (Francia) el 6 de enero de 1802, en el seno de una familia de labradores acomodados y modelos cristianos. Fueron sus Padres Pedro Perbooyre y María Rigal. De los 9 hijos que tuvieron, 5 se consagraron a Dios, en la familia espiritual de San Vicente de Paúl. Sus 2 hermanas, hijas de la caridad, aún vivían y
asistieron a la celebración de la Beatificación el 10 de noviembre de 1889, por el Papa León XIII en Roma.

A temprana edad manifestó su vocación. Frecuentaba las iglesias del lugar y, un sermón que escuchó le impresionó mucho y anheló desde ese momento ser misionero en tierras lejanas. A los 15 años, ingresó, junto con su hermano mayor Luis, en el seminario menor de Montauban (Francia), dirigido por los Padres Lazaristas, hijos espirituales de San Vicente de Paúl. En el noviciado mostró
una conducta ejemplar, el tiempo libre lo dedicaba al estudio de los textos sagrados, a la oración y penitencia.

Terminó el noviciado en Montauban y lo enviaron a París para estudiar Teología, luego fue ordenado Sacerdote. En 1832, su hermano Luis, que se había embarcado para la misión de la China (era sacerdote lazarista), murió de unas fiebres durante la travesía. Juan Gabriel anunció de Inmediato a la familia su deseo de ocupar el sitio que su hermano dejó vacante. En ese tiempo, en China, se negaba predicar, a los sacerdotes cristianos. Quien fuera descubierto iba a la cárcel, lo torturaban y se le daba muerte.

A Juan Gabriel Perboyre no le asustaba ese criterio, pero no fue autorizado por sus superiores, no lo vieron oportuno por su frágil salud. Le dieron varios cargos:
profesor del Seminario de Saint-.Flour y subdirector del seminario parisino de los Lazaristas. Allí, enseñó más con el ejemplo que con la palabra. Comunicó a los novicios su amor por Jesús: “Cristo es el gran Maestro de la ciencia, el único que da la verdadera luz, lo más importante es conocer y amar a Jesús, el modelo, el ideal y ocuparse de la salvación”.

Luego de 12 años de espera, obtuvo el permiso de salir hacia la China. Llegó  el 10 de marzo de 1836, a Macao. El celo por salvar almas le ayudó a soportar hambre y sed para la mayor gloria de Dios. Por 4 meses estudió el idioma chino; se vistió,
y disfrazó como los del país, aprendió las costumbres, se rapó la cabeza, y dejó crecer los bigotes. Le destinaron la misión de Honán. Allí se dedicó a proteger y catequizar a los niños abandonados, los recogía, alimentaba, educaba, e instruía en la doctrina.

Viajaba a pie, a veces en lentos carros tirados por bueyes. Muchas veces se quedó sin comer y pasó varias noches al descubierto, con frío, el viento y la lluvia que lo calaba hasta los huesos; pero siempre con alegría, respirando el aire de la libertad, de la vocación realizada. Dos años después fue enviado a la provincia de Hupeh, que
fue el lugar de su martirio. En el año 1839 se desencadenó una persecución contra los cristianos.

El gobernador ordenó a las tropas ocupar la misión Los padres lazaristas que escaparon, anduvieron errantes al sur del Yang-Tse Kiang, por los montes y las plantaciones de té y algodón. Juan Gabriel, agotado de cansancio se detuvo en una choza, ocupada por un chino convertido que lo recibió con amabilidad, pero mientras el santo dormía, lo delató a un mandarín por un pago de 30 monedas de
plata, y el padre Perboyre recorrió un itinerario de sufrimientos. Llevado para ser interrogado de tribunal en tribunal. Él respondió: soy europeo y predicador de la religión de Jesús.

Empezaron a torturarlo, escarnecerlo; sentado en una banqueta le ataron los pies y lo llevaron a la prefectura con grilletes en el cuello, las manos y los pies, para obligarlo a hablar lo pusieron de rodillas durante muchas horas sobre cadenas de hierro. Luego lo colgaron de los pulgares y en la cara lo golpearon, con 40 suelas de cuero para obligarle a renegar de su fe. Reconfortado por la Gracia de Dios, sufrió
todo sin quejarse. Trasladado ante el virrey, quien quiso hacerlo caminar sobre un Crucifijo y como se sostuvo en la fe, fue condenado al estrangulamiento.

El 11 de septiembre de1840, en la ciudad de Wuhan después de un año entre grilletes y torturas, fue conducido al lugar de la ejecución, y en un madero en forma de Cruz, ahorcado, tenía 38 años. Una Cruz luminosa, apareció en el cielo, se
vio hasta Pekín. Ante el asombro de todos, contrario a lo que sucede con los rostros de los que mueren ahorcados el rostro de Juan Gabriel, estaba sereno y con su color natural.

Beatificado el 10 de noviembre de 1889 por el papa León XIII. Canonizado el 2 de junio de 1996 por el papa San Juan Pablo II, quien dijo de él: “Tuvo una única pasión: Cristo y el anuncio del Evangelio. Por su fidelidad a esa pasión, también se halló entre los humillados y los condenados. Por eso la Iglesia proclama hoy su gloria en el coro de los santos del cielo”.

Su fiesta litúrgica se celebra el 11 de septiembre. El sacrificio de San Juan Gabriel, produjo grandes frutos espirituales, como él muchos cristianos chinos dieron su vida.

Enseñanza para la vida:

Frente a los obstáculos, dificultades, oposición, para profesar la fe, ser fieles a Jesús y su Evangelio, solo con la Gracia de Dios y la Fortaleza que solo ÉL puede darnos, podremos dar testimonio de vida y de la Verdad que profesamos.

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