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San Ignacio de Loyola

Presbítero fundador

“A la Mayor gloria de Dios”

Celebra hoy la liturgia de la Iglesia la memoria de San Ignacio de Loyola, presbítero y fundador de la Compañía de Jesús (Jesuitas). Nació el 23 de octubre de 1491 (castillo de Loyola) en Guipúzcoa, (España). Bautizado como IÑIGO. Hijo de padres: Don Bertrán
y Marina Sáenz de Licona. Vivió la infancia en medio de la milicia y era paje en la corte, de ahí sus buenos modales y fortaleza de espíritu.

Ingresó al ejército y cuando defendía el Castillo de Pamplona, una bala de cañón, le rompió la pierna. Herido fue enviado al castillo de Loyola donde lo operaron dos veces, se vio grave, pero soportó con valentía todas las dolencias. Para distraerse en la Convalecencia, pidió libros de Caballería, pero en el castillo, solo estaban la vida de Cristo y de los Santos. Con poco interés inició la lectura y le gustaron tanto que pasaba días enteros leyéndolos. Se le avivó el deseo de imitar las hazañas de los santos y pensaba: “Si esos hombres estaban hechos del mismo barro que yo, también yo puedo hacer lo que ellos hicieron”.

Una noche, Ignacio tuvo una visión que lo consoló mucho: la Madre de Dios, rodeada de Luz, llevaba en los brazos a su Hijo, Jesús. Vivió una etapa de dudas acerca de su vocación. Constató que los pensamientos que procedían de Dios le traían consuelo, paz y tranquilidad. Los pensamientos del mundo lo dejaban vacío. Decidió seguir el ejemplo de los santos y se inició en la penitencia por sus pecados y así entregarse a Dios.

Terminó la convalecencia e hizo una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Montserrat, decidió llevar vida de oración, de penitencia luego de hacer una confesión general. Durante casi un año vivió retirado en una cueva orando. Tuvo un período de aridez y empezó a escribir sus primeras experiencias espirituales, fueron la base de su famoso libro sobre “Ejercicios Espirituales”. Viajó a Tierra Santa y al regreso a España, se dedicó a estudiar, pensó que le era útil para ayudar a las almas. Convirtió a muchos pecadores. Fue encarcelado dos veces por predicar. Veía la prisión y el sufrimiento como pruebas que Dios le mandaba para Santificarse.

A los 38 años se fue a Francia y siguió los estudios. Pedía limosna a los comerciantes españoles para sostenerse. Animó a varios de sus compañeros universitarios a practicar mejor la vida cristiana. Se unieron a Ignacio 6 estudiantes de teología movidos por sus palabras e hicieron con él votos de castidad, pobreza y vida apostólica, en una sencilla ceremonia, en la capilla de Montmatre, el día de la Asunción de la Virgen.

San Ignacio mantuvo la fe de sus seguidores a través de conversaciones personales y cumpliendo sencillas reglas de vida. Luego interrumpió los estudios por motivos de salud y volvió a España, no se hospedó en Loyola, sino en una pobre casa en Azpeitia. Dos años más tarde, se reunió en Venecia con sus compañeros y se trasladaron a Roma para ofrecer sus servicios al Papa Pablo III Llamaron, a su asociación la Compañía de Jesús, porque querían luchar contra el vicio, bajo el estandarte de Cristo.

Paulo III nombró a dos de ellos profesores de la Universidad. A Ignacio, le pidió predicar los ejercicios Espirituales y catequizar al pueblo. El Papa Pablo III les permitió ordenarse Sacerdotes. Fueron ordenados en Venecia. San Ignacio celebró la primera misa en la noche de Navidad de 1538.

La Congregación fue aprobada como Orden por el Papa Pablo III por la Bula: Regimini Militantes. Agregaron a los votos de castidad y pobreza, el de la obediencia y se comprometían a obedecer al superior general, quien a su vez, estaría sujeto al Papa. La Compañía de Jesús tuvo un papel muy importante en contrarrestar los efectos de la reforma Religiosa encabezada por Martín Lutero y con su esfuerzo y predicación, volvió a ganar almas.

Ignacio pasó el resto de su vida en Roma, dirigiendo la congregación, dedicado a la educación de la juventud y del clero, fundando colegios y universidades. Su felicidad consistía en trabajar por Dios y sufrir por su causa. El libro “Ejercicios Espirituales” se sigue utilizando en la actualidad por diferentes grupos religiosos. San Ignacio murió repentinamente, el 31 de julio de 1556, en Roma.
Beatificado el 27 de julio 1609 por Pablo V y canonizado el 12 de marzo de 1622 por Gregorio XV.
El tiempo que fue superior de la Compañía se destacó por la prudencia y caridad en el manejo de la misma. Era muy afectuoso con los súbditos enfermos, con gran capacidad de escucha.
Aceptaba con humildad las críticas. El Amor a Dios, era el pilar de su Misión- Tenía por lema; “A la mayor Gloria de Dios”, que a su vez lo es de la Compañía.

Enseñanzas para la vida:

EL amor a Dios, sobre todas las cosas y transmitir a los demás el empeño por el seguimiento de Cristo. Desprendimiento de las riquezas materiales. Vivir la virtud de la caridad hacia los más cercanos. Ser fuertes frente a los problemas y sufrimientos de la vida.

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