San Bruno de Colonia I Santo del día I Amén Comunicaciones

San Bruno de Colonia

Presbítero fundador de la Cartuja

“Testimonio vivo de oración, vida austera y penitencia”

La liturgia hoy, hace memoria de San Bruno de Colonia. Bruno significa ”Coraza” (en alemán). Este Santo, gran místico, de profunda vida interior, fuerte Oración, amante del silencio, se hizo famoso por haber fundado la Orden religiosa más austera y penitente: los monjes Cartujos, viven en perpetuo silencio, jamás comen carne, ni toman bebidas alcohólicas.

Nació en Colonia, (Alemania), en 1030, pertenecía a la distinguida familia Hartenfaust. Siendo muy joven fue a Reims para seguir sus estudios, atraído por la fama de la escuela episcopal y de su director Heriman y demostró tener grandes aptitudes intelectuales y especiales dones para dirigir espiritualmente a los demás.
Ya a los 27años, era director espiritual de personas importantes, como el futuro Papa Urbano II.

En Reims, terminó sus estudios clásicos y se perfeccionó en ciencias Sagradas que eran en ese tiempo, Sagradas Escrituras y los Padres de la Iglesia. Terminó su educación y volvió a Colonia, donde se le dio una canonjía en San Cuniberto y fue ordenado Sacerdote.

En 1056, el obispo Gervais le llamó a Reims, para ayudar a su maestro Heriman en la dirección de la escuela. Se ocupó de enseñar a todos los clérigos avanzados, su empeño, era llevar sus discípulos a Dios, enseñarles a respetar y amar su Ley. Por 18 años estuvo en la escuela de Reims y además fue Canciller del Señor Arzobispo. Cuando éste murió, Manasés (hombre indigno), se hizo elegir arzobispo de la ciudad, pero debido a su proceder inmoral, violencia e impiedad, el canciller
Bruno y otros dos canónigos fueron encargados de llevar al legado papal.

Una sentencia de destitución, obligó a Manasés a retirarse. Libre el clero de elegir otro obispo, ofreció el cargo a Bruno, quien lo rechazó, porque no se creía digno de tan alto puesto. Con abundantes riquezas y el aprecio de sus amistades, Bruno renunció a todo esto y con dos de sus amigos, Raúl y Fulco, canónigos, inflamados en el amor de Dios y el deseo de los bienes eternos hicieron voto de abandonar el mundo y abrazar la vida religiosa.

Se pusieron bajo la dirección de un eminente solitario, san Roberto, en Molesme. Allí se observaba reglamento muy estricto, sin embargo lo que él deseaba era un silencio total y un apartarse por completo del mundo. Por eso dispuso irse a un sitio mucho más alejado. El obispo, (Hugo de Grenoble) a quien Dios mostró
estos hombres en un sueño, bajo la imagen de siete estrellas, que iban hacia él al día siguiente llegaron Bruno y seis compañeros a pedirle que les señalara un sitio muy apartado para ellos dedicarse a la oración y a la penitencia. San Hugo reconoció en ellos los que había visto en sueños y los llevó hacia el monte que le había sido indicado en la visión. Aquel sitio se llamaba Chartreuse. Construyeron un Oratorio y una serie de celdas, distanciadas unas de otras. Este es el origen de la Orden de los cartujos, que tomó su nombre del desierto de Chartreuse.

Vivían en profundo retiro y pobreza, totalmente ocupados en la oración, el estudio y trabajo (copiar libros) para ganarse el sustento. Bruno redactó para sus monjes un reglamento que es el más severo que ha existido para una comunidad. San Hugo admiró tanto la sabiduría y la santidad de San Bruno, que lo eligió como su director espiritual y con frecuencia se iba al convento de la Cartuja a estar en silencio, Orar y pedir consejos al santo fundador.

Fue nombrado Papa Urbano II, (de joven fue discípulo de San Bruno) y por su santidad, sabiduría y don de consejo, lo mandó ir a Roma para que le sirviera de consejero. La obediencia fue muy dolorosa para él, pues tenía que dejar su vida retirada y tranquila de la Cartuja e irse a vivir en medio del mundo y sus afanes.
Pero obedeció y varios monjes se fueron a acompañarlo a Roma. El Conde Rogerio le obsequió una finca en Italia y allá fundó el santo un nuevo convento, con los mismos reglamentos de La Cartuja.

Los últimos años los pasó entre misiones confiadas por el Sumo Pontífice y estadía en el convento dedicado a la contemplación y penitencia. Retirado a la Calabria, a fines de 1101, se enfermó, sintió que se acercaba la muerte, entonces reunió por última vez a sus hermanos y en su presencia hizo una Confesión y Profesión de la fe católica. Afirmó su fe en el misterio de la Santísima Trinidad y en la presencia real de Nuestro Salvador en la Sagrada Eucaristía, además una protesta contra las herejías que habían hecho tanto daño.

Murió el 6 de octubre del año 1101 en el Monasterio de Santa María de la Torre, (Squillase), dejó como recuerdo una fundación que ha sido famosa en todo el mundo por su santidad y su austeridad. El Papa León X, autorizó su culto en 1514 y Clemente X en 1674 lo confirmó para toda la Iglesia de Occidente. Son famosos los
escritos de dos Cartas: al arzobispo de Reims y a sus hijos espirituales, además de su Profesión de de, y dos libros con comentarios a las cartas de San Pablo y de los Salmos.

Enseñanza para la vida:

Si queremos avanzar en el camino de crecimiento espiritual, el silencio, la Oración, la reflexión de la Palabra de Dios, la frecuencia de la Eucaristía, son medios eficaces para lograrlo.

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