Santos Cosme y Damián
Gemelos médicos y mártires
«Gran caridad y celo apostólico»
La Liturgia hoy, hace memoria de los Santos Cosme y Damián, hermanos gemelos, médicos y mártires. Son los más conocidos y los principales en el grupo de santos venerados en el Oriente, llamados colectivamente “los sin dinero”, «los no cobradores», porque ejercían la medicina sin aceptar de sus pacientes pobres, ningún pago, ni recompensa.
Según la tradición, ejercieron la medicina en Ciro, de Augusta Eufratense (hoy Siria), sanando a muchos con sus servicios gratuitos. Cosme significa “Adornado”, bello (lengua griega) Damián “Domador” también del griego.
Cosme y Damián eran naturales de Arabia; estudiaron las ciencias en Siria y se distinguieron por su habilidad en la medicina. Como eran cristianos y estaban impulsados por el santo ánimo de la caridad en que se nutre el espíritu de nuestra Santa religión, practicaban su profesión con toda su pericia y notable éxito.
Vivían en Aegeae, sobre la costa de la bahía de Alejandreta, en Cilicia, donde ambos eran distinguidos por el cariño y el respeto de todo el pueblo, debido a los muchos
beneficios que prodigaban entre las gentes, por su caridad y el celo con que practicaban la fe cristiana, ya que aprovechaban todas las oportunidades que les brindaba su profesión para difundirla y propagarla.
Al no cobrar a los pobres las consultas médicas, lo único que les pedían era que les permitieran hablarles por unos minutos acerca de Jesucristo y de su Evangelio y así,
ellos aprovechaban su gran popularidad para ir extendiendo la religión de Jesucristo por todos los sitios donde llegaban. Las gentes los valoraban muchísimo y en muchos pueblos eran mirados como los verdaderos benefactores de los pobres.
Durante la persecución de Diocleciano, ellos fueron los primeros en ser aprehendidos. Lisias, el gobernador de Cilicia, se disgustó muchísimo porque estos dos hermanos propagaban a Jesús y su religión. Trató inútilmente de que dejaran de predicar y como no lo consiguió, los sometió a tormentos y torturas.
Mandó echarlos al mar para ser ahogados, pero una ola gigantesca los sacó
sanos y salvos a la orilla. Luego los mandó quemar vivos, pero las llamas no los tocaron, y en cambio quemaron a los verdugos paganos que los querían atormentar. Ordeñó ser crucificados y les tiraran piedras, éstas no tocaron a los santos, pero si rebotaron y golpearon a quienes las arrojaron. Igual pasó a quienes les lanzaron flechas, retornaron e hicieron huir a los arqueros. Finalmente ordenó decapitarlos (siglo IV), así derramaron su sangre, por proclamar su amor al Divino Salvador.
Conducidos sus restos a Siria, fueron sepultados en Cyro, ciudad que se convirtió en centro de culto de los mártires San Cosme y San Damián. Después de su muerte se dice que se obraron, de parte de estos mártires, innumerables milagros, sobre todo maravillosas curaciones. Algunas veces, los propios santos se aparecían en sueños, a los que les imploraban en sus sufrimientos, y enfermedades con el fin de curarles inmediatamente.
Eso fue lo que sucedió con algunos paganos en el propio templo de Esculapio y
Serapis. Entre las personas distinguidas que atribuyeron su curación de males gravísimos a los santos Cosme y Damián, figuró el emperador Justiniano primero, quien visitó la ciudad de Cyro para venerar las reliquias de sus bienhechores. A principios del siglo quinto, se levantaron en Constantinopla dos grandes iglesias en honor de los mártires. La basílica que se erigió en Roma, con hermosísimos mosaicos, fue dedicada a los santos alrededor del año 530.
Los santos Cosme y Damián son nombrados en el canon 1º. de la Misa. En varias ciudades como Capadocia, Jerusalén, Cilicia se construyeron templos en su honor. Estos Santos, a lo largo del siglo V y VI conquistaron el Oriente y penetraron también triunfalmente en Occidente. San Gregorio de Tours en su libro Gloria- Martyrium se refiere a ellos como los gemelos médicos que evangelizaban.
Tenemos testimonios de su culto en Cagliari (Cerdeña), promovido por San Fulgencio. Gozaron de una popularidad excepcional en la propia Roma, llegando a tener dedicadas más de diez iglesias en su honor. Son venerados en la Iglesia Católica y en la ortodoxa. Con San Lucas, son los patronos de los médicos en general y ellos en particular, lo son de Cirujanos, los farmaceutas y de los trabajadores de los balnearios.
Enseñanza para la vida:
Servir a los demás en cualquier situación y hacerlo con Amor, sin esperar nada a cambio, ni retribución alguna, es una gracia especial que Dios nos concede, porque por naturaleza somos dados a esperar ser recompensados y reconocidos. Pidamos al Señor ese don de Dar con generosidad y desinteresadamente.
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