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Beato Jesús Emilio Jaramillo

Obispo y mártir de la paz

“Testimonio de celo y entrega por la labor misionera”

La liturgia hoy hace memoria del beato Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, obispo, misionero y mártir. “Ser cristiano es llevar en el alma una sed insaciable de superación”. Fue martirizado a causa de su lucha por la paz, dejó el legado de un ministerio lleno de misericordia y esperanza a pesar de la situación social tan compleja que le tocó vivir.

Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, nació el 16 de febrero de 1916 en Santo Domingo (Antioquia Colombia). Hijo de don Alberto Jaramillo, era artesano, y doña Cecilia Monsalve, ama de casa, y hermano mayor de María Rosa. En su familia sencilla él encontró en el testimonio de sus padres, estímulo en su vida de fe, pues desde pequeño veía en ellos la bondad y el amor, a pesar de las dificultades.
Sus padres obtuvieron los recursos para enviar a sus hijos a la escuela del pueblo y allí estudiar la primaria. A los 12 años, en 1828, ingresó al Seminario de Misiones Extranjeras de Yarumal, donde se distinguió por su dedicación al estudio, la espiritualidad y responsabilidad en los deberes.

Cursó humanidades y filosofía, e inició los estudios propios para el sacerdocio. Se destacó por sus dotes de escritor, orador y sus ensayos literarios fascinaban.
Fue ordenado sacerdote el  1 de septiembre de1940 y la primera Misa la celebró el 8 de septiembre en su pueblo natal, acompañado de sus padres y paisanos.

Luego de unos días pasados con su familia, el Padre Jaramillo es enviado a sus primeras experiencias pastorales, en Sabanalarga, diócesis de Barranquilla, en una cálida región, y de ignorancia religiosa. Allá la experiencia misionera duró sólo 4 meses, porque en l941 fue designado profesor del seminario. Oficio que desempeñó con mucha competencia y entusiasmo contagioso.

Su mejor descanso, fue la oración y la lectura. “Siempre había una oración en su boca, una alabanza en su alma, un rosario en su mano y un libro ante sus ojos, del cual salía lo mejor cada vez que enseñaba”. Valioso en su ministerio pastoral fue el servicio de Capellán de la Cárcel de Mujeres de Bogotá. La catequesis y consejería espiritual con las reclusas, lo llevó a conocer más el misterioso ambiente del pecado y de la misericordia y convertirlo en un auténtico pastor, dador de amor a sus ovejas.

De 1942 a 1944, en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá realizó el Doctorado en Teología Dogmática y la tesis laureada fue “La Libertad de Nuestro Señor Jesucristo según Santo Tomás” En 1945 se reincorporó como profesor en el Seminario Mayor de los Misioneros de Yarumal y como maestro de novicios. En 1950, durante el primer capítulo general del Instituto, se le nombró segundo asistente del Superior General y Rector del Seminario. Luego en 1959 un capítulo extraordinario eligió como tercer Superior General al Padre Jaramillo para un período constitucional de diez años.

El 8 de enero de 1970 la Santa Sede elevó la Prefectura Apostólica de Arauca al rango de Vicariato Apostólico, y como primer Vicario, el Papa Pablo VI eligió al Padre Jaramillo, el 11 de  noviembre de 1970. El 10 de enero de 1971 fue ordenado Obispo.

El servicio pastoral de Monseñor Jaramillo, además de ser Obispo, se extendía a los llanos orientales y la selva del Sarare. Desde el inicio de su labor allí trabajó y realizó el llamado “Equipo del Indio”, con el objetivo de pastoral especializada en la evangelización de los indígenas del Sarare. Grupos apostólicos del interior del país apoyaron este servicio pastoral. Era un trabajo humilde, silencioso, producto de una
fe sencilla y en la visión de la esperanza cristiana.

La vivencia de su episcopado, desde su consagración hasta el final de su vida, fue siempre testimonio continuado de celo ardiente y entrega generosa.
Mirad que llega el Señor, fue el lema de su escudo episcopal, que resumía su estilo de vida y manera de pastorear a su grey. Fuera del empuje misionero que le dio a su Diócesis supo encontrar nuevos métodos de evangelización que permitieron cubrir necesidades de asistencia social y humanitaria.

Entregado a su rebaño no dejó de lado la situación social que se vivía en Arauca. El contexto social de la época estaba marcado por el enfrentamiento del grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Gobierno. El obispo, asumió los riesgos que implicaban denunciar los crímenes injustos, el defender la vida y la dignidad de las personas que en sus fieles veía perseguida.

Durante 18 años, con valor, dignidad, cercano al rebaño, y a sus enemigos, enfrentó la situación. La estabilidad del ELN se veía amenazada por quien amó la verdad y fue ese el motivo que llevó a los guerrilleros a asesinarlo a tiros el 2 de octubre de 1989 durante una visita pastoral, en la vereda Santa Isabel de Panamá, municipio de Arauquita, departamento de Arauca.

Monseñor Jesús Emilio Jaramillo fue profeta y mártir de la paz, aspectos que todos los días de su vida recordó y volcó en hechos concretos, tal cual rezó durante su episcopado: “En mi vida personal, Cristo ha sido mi única opción. Él ha sido mi única actitud. Mis grandes decisiones se han tomado por Él, Él es mi esperanza. Lo fundamental en mi vida es Cristo, lo otro es accidental: Ser cristiano es llevar en el alma una sed insaciable de superación”. 

Fue Beatificado el 08 de septiembre 2017 en Villavicencio, por el Papa Francisco.

Enseñanza para la vida:

Todos en la vida estamos llamados a cumplir una misión concreta y al realizarla podemos encontrar grandes obstáculos y dificultades para llevarla a cabo
Ante esos tropiezos, la actitud, no es abandonar y darnos por vencidos, sino con la Fe, la confianza en Dios que nos acompaña seguir para adelante y ser testimonio del Amor de Cristo que dio su vida por nosotros, e hizo siempre la voluntad del Padre DIOS.

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